Dulce fantasía

 La brisa de la tarde acariciaba su piel húmeda, la sombra bajo del árbol estaba fresca, el día en la playa se estaba acabando y aún no había terminado de recoger las muestras para su investigación. Realmente no entendía como a sus quince años ese trabajo le había parecido emocionante. Ahora con dieciocho años casi diecinueve, un cuerpo para nada deportivo y una fama de “Geek” que no había forma de hacer desaparecer, estaba condenado a la soledad. Sus notas eran buenas, pero no excelentes, no por falta de cerebro sino por falta de entusiasmo.

Su padre viudo desde hacía dos años ya hablaba de psicólogos y tratamientos. Apretó con fuerza los ojos negándose a moverse del lugar en el que tan cómodo se encontraba y del que no deseaba escapar. Intento que el sueño volviera a sumirle en un dulce estado comatoso, donde el mundo perdía todo sentido.

─ Hola…─ La voz con fuerte acento lo saco de su intento de dormir otra siesta. Pero la imagen con la que se encontró lo

despertó como agua fría en el rostro. ─ ¿Estás cansado?

─ Yo… yo… tú… qué…─ El cuerpo tostado por el sol, con músculos definidos, brazos de nadador, de seguro. Lo que le estaba provocando sudores fríos era la completa desnudes del joven que lo observaba con la misma curiosidad con la que un gato fijaba su vista en su presa o tal vez era cosa de tener miles de preguntas dentro de sí, igual que él.

─ Me llamo Síen; ¿Qué haces?

─ Yo, descansaba antes de volver a trabajar.

─ ¿Trabajar?

─ Sí, es algo de la escuela, pero tú… tú estás… bueno: ¿Por qué estas desnudo?

─ ¿Desnudo? ─ La palabra parecía ajena en esos labios.

─ Sin ropa…

─ Ah, ya entiendo, estaba nadando y en esta cuenca no tengo tejidos guardados.

─ ¿Acostumbras a nadar desnudo?

─ No tengo otra opción, Pero mantengo tejidos en algunas áreas seguras. ─ El discurso era extraño, pero no incomprensible. Tal vez lo que lo hacía extraño era la forma en que pronunciaba algunas letras, con más o menos sonoridad.

─ Mi nombre es Mathew, me puedes llamar Matt. Toma uno de estos.   Dijo el joven sacando unos pantalones cortos de una mochila.

─ Gracias. ─ Síen tomó la prenda y se movió un poco hacia el sol, donde sin vergüenza alguna se colocó los pantalones, ofreciendo una vista espectacular de todos los músculos de su cuerpo. Los glúteos apretados, con el mismo color caramelo tostado.

Matt sintió que su corazón perdía más de un latido y que el pecho mantenía el aire atrapado, como si hubiera olvidado como exhalar. Maldición, él y sus rarezas. Vio como Síen se volteaba cubierto, pero la imagen de su miembro semi erecto y grueso aún le quemaba tras los parpados.

─ Matt, dime de qué trata tu trabajo.

─ Ah… eso, estudio algunos cambios en los pequeños ecosistemas.

─ ¿Ecosistemas?

─ Sí, por ejemplo, las algas que se acumulan en la ribera del río no son las mismas que se encuentran en estas fechas en el mar. Los seres que los habitan son diferentes. Yo vengo todos los años a ver los cambios ocasionados por los humanos o la naturaleza. Incluso cambios en la población del área modifican las estructuras. Con los datos puedo desarrollar hipótesis de que puede estar sucediendo a mayor escala. Espero que el proyecto me permita la entrada a la universidad de mi preferencia.

─ Eso está bien… ¿pero algas? ─ Matt se movió nervioso, escondiendo un poco su erección, así como las dudas que le asaltaban dentro de su área de estudio. Mientras hablaba no había podido dejar de observar cómo los dedos de Síen se paseaban por pedazos de piel desnuda, que parecía más que irritada, reseca. Era como si hubiera sufrido de quemaduras o picadas.

─ Sí, algas, es una forma fácil de recolectar datos sin hacer daño a los ecosistemas, puedo ver los cambios sin tener que remover entes que no van a sobrevivir fuera de su ecosistema. Luego que hago el trabajo los restantes pasan a alimentar las plantas frutales dentro de lo que es composta. Haciendo un círculo beneficioso. Estás bien… parece que te pica mucho.

─ No es nada… sólo llevo mucho tiempo fuera del agua. Estuve observándote mientras te bañabas temprano, pero no ha sido hasta ahora que me he armado de valor para venir. ─ Matt se acercó buscando ver más de cerca la reacción en la piel. Allí encontró áreas resecas, pero otros lugares mortalmente blanquecinos, como si la piel estuviera simplemente muriendo. De seguro faltaba algo en esos lugares. Su atención estuvo centrada en ese fenómeno y se olvidó de lo que Síen había expresado. ─Puedes tocar, si lo deseas. ─ Así lo hizo sintiendo de inmediato como sus dedos recibían una descarga eléctrica. Lo que provocó que se humedeciera los labios y respirará con dificultad.

 ─ Puedo humedecer una toalla para cubrir esas partes. ¿Quieres?

─ Sí, gracias. ─ Al regresar Matt notó como las manchas blancas eran más pronunciadas en la espalda del joven. Había toda una línea que se perdía bajo la cinturilla del pantalón, Síen noto la mirada de su acompañante y sonrío al comprender las preguntas en él. ─ ¿Podrías…?

─ Sí…─ Contesto el joven arreglando sus espejuelos y acercándose con manos temblorosas colocó la toalla húmeda en la espalda, lo sintió relajarse y la piel maltratada recupero cierta elasticidad, pero Matt estaba seguro de estar viendo mal cuando las marcas blancas comenzaron a reflejar los rayos del sol, como si fueran cristales.

─ ¿Qué sucede?

─ Si no fuera imposible, diría que tienes escamas en la espalda.

Ah… ¿y por qué es imposible? ─ Síen se volt con una sonrisa en los labios. ─ Que yo sepa, siempre han estado allí.

─ ¿Eh? Me quede bruto…

─ Ya lo veo. Hasta ahora te he visto desde lejos, ésta es la primera vez que me acerco. ─ Síen con una sonrisa traviesa acarició la mejilla de su compañero y obsesión. ─ Mi raza está desapareciendo y tu estas solo, tremendo par hacemos.  

─ ¿Eh? ─ Fue lo último que escapo de los labios de Matt antes que Síen lo besara profundamente, su lengua húmeda, invadiendo su boca, con un deje de electricidad que había provocado que el cerebro de Matt dejara de funcionar de forma racional. El joven paso del espanto a la emoción carnal en cuestión de segundos. ¡Ese era su primer beso!  Matt movió con entrega los brazos enredando los dedos en las hebras de cabello. Síen gimió ante la caricia, tensando los brazos alrededor de la cintura de quien suspiraba con cada caricia de su lengua.

─ ¡Matt! ¿Estás seguro de...? ─ dijo Síen pensando que lo había hechizado de alguna forma. Al joven abrir sus ojos se dio cuenta que un par de lágrimas rodaban por sus mejillas. ─ ¡Matt, lo siento!

─ No es tu culpa, es culpa de mi soledad. No entiendo muy bien que ha sucedido; ¿pero no te iría mejor con alguna turista?

─ Condenado mocoso, no me gusta lo que insinúas, sé muy bien lo que deseo, en este caso eres tú. ─ Él se acercó nuevamente, recortando la distancia que Matt había puesto entre ambos. ─Si vas a rechazarme éste es el momento.

─ No puedo, ni quiero. ─ Con estas palabras Matt se entregó a un nuevo beso, a una nueva exploración. Síen lo tomo en brazos sin dejar de besarlo, mientras lo devolvía a la sombra del árbol, allí aprisionó su cuerpo con el peso del suyo. Lo vio sonrojarse mientras paseaba su lengua por el pecho de éste, con una sonrisa traviesa lo sintió temblar bajo sus dedos, escuchando los gemidos suplicantes, en cuanto atrapó entre sus dientes la tierna tetilla masculina que estaba endurecida y sensible por el deseo.

 ─ Eres hermoso, tu olor me enloquece… nunca comprenderás cuánto. ─ Síen se sentía fuera de sí, sus sentidos eran mucho más agudos y sensibles que los del ser humano. Había pasado tres días buscando la razón para su inquietud, nunca imaginó que fuese un humano macho, pero no se quejaba del resultado. Con movimientos seguros eliminó de sus cuerpos los tejidos incómodos, liberando el miembro masculino completamente endurecido del joven que brillaba con las primeras gotas de excitación. El dulce olor de Matt incitó una reacción en su parte baja que lo obligo a saborearlo con premura. La punta de sus dedos se paseaba por diferentes rincones del cuerpo que temblaba ante las caricias. Lo escucho gemir con fuerza cuando apretó entre sus labios el glande latente, utilizó su lengua lamiendo todo el mástil, más sus dientes apretaron la carne aquí o allí, expresando con acciones lo mucho que lo deseaba. Síen miró su mano derecha y se sorprendió al ver que temblaba. No encontraba respuesta para ese nuevo fenómeno y buscando los límites del orificio en el que deseaba liberar todo su ser.

─ No Síen… no…─ Matt intentó cubrirse y detener el camino del que le estaba provocando tanto placer.

─ ¿Por qué no?

─ Yo… estoy sudado…─ Matt enrojeció mientras susurraba su preocupación. No se atrevió a decirle que esa era su primera vez. ─ Yo…─ Las palabras murieron en sus labios al sentir la lengua allí, donde nadie le había tocado con esas intenciones. Arqueó la espalda al sentir la invasión de un dedo, que buscaba reconocer cada uno de los rincones de su interior. Gimió, gritó y libero el nombre de Síen como letanía, mientras sentía como las lágrimas se atoraba en su garganta.

Nunca pensó en cómo sería su primera vez, se había resignado a ser diferente, a no sentir atracción por el cuerpo femenino, siempre lejos de los compañeros o conocidos varones, por estar dentro de algún proyecto o trabajo. Ahora sintiendo los dedos y boca de Síen en su cuerpo supo cuál era la razón, había esperado algo especial, algo lejos de aquellos que le inspiraban poca confianza. Ahora se enfrentaba a lo incierto. Cómo sintiendo los viajes de su mente sintió con alegría los dientes de Síen en su miembro y él no pudo aguantar un grito de placer, anunciando su pronta eyaculación.

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─ No es de buena educación llegar tan pronto al placer, dejándome a mitad.

─ Lo siento…─ volvió a enrojecer mientras su mirada era atrapada por la de Síen que exigía en silencio una explicación, mientras sus dedos se movían dulcemente por su cuerpo. ─ Es mi primera vez haciendo esto… creo que voy a explotar, sé que le está sucediendo a mi cuerpo, pero no lo puedo controlar.

─Comprendo… concéntrate en lodo.

¿¡Qué!?─ Matt no podía creerlo, mientras más placer sentía más largo, se le hacía la tortura. Apretó los dientes e intento seguir el consejo de Síen, pero lo único que llegaba a su mente, era Síen jugando en el lodo. Se agarró con fuerzas al brazo extendido de su amante, avisando de la electrizante reacción que se aproximaba. Síen en vez de liberarlo, lo tomo con mayor fuerza en su boca, chupo con fricción, permitiéndole eyacular dentro de su humedad. Matt se arqueó, tensó y se relajó en cuestión de segundos, pero aún sentía como corrientes eléctricas recorrían su miembro hasta llegar a lo más profundo de su ser. Dudaba ciertamente que las descargas fueran efecto del placer recibido.

─ ¿Cómo te sientes?

─ Raro… ¿La electricidad, eres tú?

─ Sí, es algo que puedo controlar en intensidad, pero no puedo eliminar de mi sistema, en especial cuando estoy alterado emocionalmente.

─ Algo así como jugar con fuego.

─ Sí, literalmente hablando. Mi raza tiene un sistema que se alimenta de la electricidad del ambiente en que nos encontremos, la podemos manipular y manejar, pero no la podemos hacer desaparecer. Cuando logramos aparearnos dentro de la misma especie nuestras parejas tienen el sistema para recibir, multiplicar y devolver la electricidad compartida. Al ser tu humano debo controlar al máximo esta parte de mi ser si no deseo hacerte daño. ─ Síen vio que la mirada de Matt se oscurecía, albergándole un sentimiento de soledad. Quería borrar todo rastro de tristeza en esos ojos color chocolate, así que volvió a mover sus dedos y Matt sintió como se endurecía de nuevo.

─ No…─ Síen lo miró con duda, pero no fue rechazo lo que encontró en la mirada de su compañero, sólo intención. Con tristeza lo liberó, pensando que había llegado el momento de contestar varías preguntas o eso pensó, hasta que Matt atrapó entre sus dedos su miembro endurecido, arrancándole un gemido de gozo y sorpresa. Lo vio moverse con inseguridad, besando su pecho, buscando dar parte del placer recibido.  Se sintió enternecer como no lo hacía desde hacía varias décadas. El joven era un amante inseguro pero intenso. Toda su concentración se encontraba en lamer las tetillas y en sobar el miembro erecto que latía en la palma de su mano. ─ ¿Puedo?

─ Sí…─ con esa simple palabra Matt libero el miembro y bajo hasta éste con la intención de saborearlo. Síen tuvo que admitir que el joven aprendía de forma acelerada. Lamió con ternura el glande y busco rápidamente la reacción en el rostro de su compañero de juegos. Síen reacciono a esa mirada inquisitiva con una sonrisa traviesa. En el momento en que ambas miradas quedaban entrelazadas, Matt lo tomo entre sus labios, chupando y moviendo su lengua con cada fricción. Síen gimió, antes de estirar su mano buscando seguir con su propio recorrido. Comprendía muy bien que era peligroso, que su compañero no tenía el sistema para manejar las descargas eléctricas, pero aun así no pudo resistir la tentación, colocando dos dedos en el hueco que latía exigiendo atención y que deseaba saborear. Sin mediar palabra lo coloco ante sí, disfrutando de la vista. Dio gracias a Poseidón por la diferencia de estatura que le permitió hacer una pequeña maniobra para tenerlo a disposición de su boca nuevamente, mientras Matt seguía acariciando con su lengua toda la extensión de su carne.   

Matt reacciono con sorpresa al sentir la lengua de su amante invadiendo, provocando mayor placer, la única forma de no perder esa pequeña batalla fue entregarse con esmero a la mamada que le estaba dando a Síen. En cuanto lo escucho gemir con fuerza y apretar los glúteos con desesperación, supo que tenía la batalla medio ganada.

Sin embargo, no contaba con el auto control de Síen. No iba a comenzar a comportarse como un cachorro en su primer celo. Tomó a Matt con fuerza, moviéndole de lugar, alejando su mano derecha del cuerpo que deseaba, en un intento de enviar la descarga de electricidad al árbol cercano, al tocar el tronco lo hizo estallar con gran fuerza. Algunas astillas volaron en dirección de ellos, pero realmente no fueron más que aserrín, por lo pequeños que eran, no había peligro. Pero no por ello, ante esa imagen la realización de lo peligroso que era Síen.

─ Lo siento… no sé qué sucede contigo. ─ Matt lo vio acercarse para un beso, quiso alejarse, pero el instinto le dijo que no debía. Doblegando al miedo que había nacido al explotar el árbol se entregó al beso.

 

─ No importa, aquí estoy vivo…─ Matt se sonrojó ante la afirmación, pero se dejó abrazar una vez más por Síen. Ambos sintieron como los miembros erectos latían uno junto al otro, Síen se dijo que debía mantener la cordura si deseaba mantener a Matt con vida, pero cuando sintió la mano temblorosa de éste en su miembro, se olvidó del juicio y se entregó a la locura del coito en su especie. Matt se vio arrastrado por la pasión, cuando menos lo esperaba sintió como con fuego y hierro era abierto, gritó por el dolor. Trató de escapar, pero los dedos de Síen lo sujetaban con fuerza mientras con cada embestida entraba más en él. Lo escucho hablar en un lenguaje raro, también supo que no importaba el dolor ya que moriría en cuanto su compañero llegara a la culminación. Sentía como la electricidad formaba una gran esfera en su bajo vientre, una esfera que estallaría cuando ambos alcanzaran la cima del placer.

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─ ¡YA NO PUEDO MÁS…!   Matt gritó una respuesta incoherente, pero no fue suficiente como para detener a Síen que seguía embistiendo con toda su fuerza. Matt logró atrapar una de las manos de su amante, la beso y dio en silencio las gracias por el dolor haber desaparecido y haber dejado en él sólo placer. Sin poder evitarlo y ante la electricidad que crecía en su interior lo mordió, oyéndole gritar y él mismo se dejó liberar.

Lo primero que noto Matt era que el sol había desaparecido del firmamento, dejando un manto negro cargado de estrellas. Cuando intento moverse sintió como el dolor hacía acto de presencia. Pero no era tanto como el que esperaba, estaba rodeado de agua y no tenía frío, ya luego tendría la respuesta al resto de sus preguntas.

─ Síen…─ Murmuro como despedida, sin esperar respuesta.

─ Sí amor…─ lo asusto y cuando intento ponerse en pie para buscarle, aunque fuera con la mirada, sintió por vez primera que sus piernas no le respondían. –Suave amor, ha sido tu primera vez.

─ Claro que fue mi primera vez…─ Sabía que había enrojecido ante esa declaración, pero no había forma de evitarlo.

─ Eso también, pero ahora es tu cola lo que me preocupa. Había olvidado lo violento que puede llegar a ser la primera vez para nuestra raza. ─ Matt no pudo evitar mirarlo con duda, pero su mente se enfoca en la mención de una cola. Con temor busco sus piernas y allí fue testigo del cambio que su cuerpo había sufrido. Una cola de pez se movía en las olas y brillaba con la humedad. Ese día parecía que no quería terminar, no sólo se había transformado en un tritón, sino que también se había enamorado…

─ Diablos, ¿qué me espera mañana…? ─ pregunto azorado.

─ Millones de maravillas…─dijo Síen besando los labios de su amante con gran ternura.

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