No somos hermanos (-Libro 2-Quinta parte)
Quinta parte
Locura febril
Zenien no sabía si reír o llorar. Con el regreso de Johaniel a la escuela las pesadillas iban en aumento. Nunca supo qué tan deseado era su hermano en la escuela, chicas y chicos deseaban entregar cartas de afecto, amor y pasión, los chocolates eran una cosa, las flores nunca eran entregadas, pero los más apasionados enviaban desde ropa interior hasta mensajes subidos de tono… todo terminaba en la basura. ¿Por qué? Él era el mensajero.
Mientras el sentimiento de culpa lo mantenía sin poder siquiera darle unos buenos días de forma decente. No entendía, por qué nadie se acercaba al joven a entregarle los regalos, las cartas o simplemente confesarle sus sentimientos, todos terminaban llamando su nombre en rincones alejados para solicitar su ayuda como mensajero de su hermano. En un inicio había explicado que no lo iba hacer, que lo hicieran ellos… pero cuando comenzó a encontrar cosas extremadamente subidas de tono en lugares públicos que provocaba la mirada de reproche en Johaniel se dio por vencido. A lo cual ahora al verse cargado de objetos cuestionables en cajas que no verían la luz del sol, se preguntó otra vez como había terminado en ese problema.
Era él el único culpable, todo se complicaba cada vez que le solicitaban ayuda para acercarse a su hermano, el príncipe de hielo que desconocía que al regresar había encendido el fuego de la pasión en los corazones de sus compañeros de escuela. Era cómo si exudara feromonas para ambos géneros, no había autocontrol en ninguno de esos jóvenes que se sonrojaban mirando o murmurando en equinas qué le permitían observar a Johaniel. Nadie se acercaba al joven que miraba el mundo con ojos fríos y sin emociones. Era como si hubiera construido una fortaleza de hielo que no permitía que nadie se acercara. Incluso al inicio no fue cosa de pocas veces en cuánto intentaban acercarse comenzaban a balbucear hasta llorar mientras murmuraban incoherencias. En ocasiones Zenien pensó que enloquecía escuchando un ronroneo placentero que parecía disfrutar de esas situaciones.
Tenía que admitir que por otra parte, la situación lo ayudaba a mantener la distancia de posibles problemas románticos en su cancha. Tenía excusas perfectas para alejarse del romance platónico en las compañeras que se habían acercado buscando un noviazgo o por lo menos una cita. Algunas incluso insinuaron compartir un revolcón en la sala del equipo deportivo. Estas ofertas lo dejaban frío con su inocencia y dulces sueños de adolescentes o asqueado entre las más atrevidas. En las noches sentía que una fiebre lo consumía por sufrir de pesadillas donde pasaba horas devorando de diferentes formas el cuerpo de su hermanito. Algunas noches no podía despertar, sentía como una fuerza sobrenatural lo mantenía atado a la cama, incluso unos dedos invisibles junto a una cavidad húmeda lo apretaban de forma enloquecera. Pensó en más de una ocasión qué había un succubus alimentándose de su energía sexual.
Para evitar esos sueños había aumentado las horas de entrenamiento, solo deseando quedar agotado y no soñar. ¿Funcionaba? Claro que no, todas las noches era lo mismo un deseo voraz lo despertaba en medio de la noche, las imágenes donde se disculpaba una y otra vez mientras mordía, chupaba y besaba el cuerpo de Johaniel lo dejaban sin poder respirar. Al inicio ambos eran muy jóvenes, el cuerpo infantil de Johaniel lo había hecho sentir como un depredador, incluso su primer beso había sido un intento de olvidar las imágenes recurrentes que le hacían desear entrar a la fuerza en la habitación de su hermano y devorarlo. Aún se estremecía lo que había provocado ese beso en el pasillo en sombras.
El maldito beso que lo había alejado de su hermano aún lo torturaba, sabía que su relación había cambiado a peor en ese vano intento de reemplazar el foco de pasión. Lo tenía claro, la había cagado. Johaniel había desaparecido ese mismo día, sabían que seguía vivo por las llamadas de su padre al abuelo materno del joven. El recuerdo de incertidumbre, miedo y más aún el saberse causante del dolor en la mirada de su hermano lo mantenía frustrado cada vez que no podía comunicarse correctamente con Johaniel.
No por primera vez en minutos, pasó los dedos por las hebras de su cabello con desesperación. Siempre intentando olvidar el terror de no saber qué sucedía durante esos dos meses infernales, él recibir noticias de auto encierro y luego enfermedad había sido el dolor que tenía que cargar en silencio por ser el causante de esa distancia de Johaniel con toda la familia.
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Zenien perdido en su mente no notó como las chicas suspiran mirando a los hermanos de forma alternativa, Johaniel que estaba cerca de la ventana levantó la mirada al techo pidiendo autocontrol suficiente como para no matarlas a todas. Las sonrisas idiotas dirigidas a Zenien lo volvían loco, el idiota no dejaba de recibir regalos que desaparecían antes de llegar a la casa, Johaniel agradecía ese pequeño milagro, ni siquiera preguntaba a los sombras que seguían a Zenien qué sucedía con esos paquetes. Suspiró nuevamente intentando hacer lo único que podía hacer era dedicar la energía a sus estudios. Todo el trabajo atrasado iba desapareciendo mientras iba poco a poco entregando a los profesores que en un inicio no creían que él pudiera ponerse al día con todo el material ofrecido durante su ausencia, más cumplir con el material diario.
Los profesores habían estado al tanto de las ausencias. El aviso de su enfermedad les había llegado, pero el joven se había negado a aceptar exentos en exámenes, proyectos y tareas al regresar, lo que había sido aceptado por los padres de Johaniel preocupados. Éste sólo había solicitado tiempo para ponerse al día. Las pequeñas pruebas sorpresas habían sido lo único que habían podido eliminar de su puntuación, pero estos eran sólo un diez por ciento del peso de la nota del grado. Pero al corregir los trabajos habían notado que mientras entregaba los trabajos con puntuaciones perfectas, también estaba haciendo los bonos yendo más allá de lo solicitado. Lo que le ofrecía la puntuación que había perdido con las pruebas sorpresas.
La imagen de Johaniel seriamente estudiando y haciendo tareas de forma independiente durante todo momento de estudio independiente o tiempo libre había dado inicio a un escuadrón de compañeros de clase que celebraban cada vez que terminaba, entregaba o recibía las puntuaciones de la labor realizada. Los escuadrones mantenían a los más impetuosos en su curiosidad en línea… algunas veces incluso creando barricadas en los pasillos para obligar a los que paseaban por éstos a mantener la calma y silencio sin molestar al que estudiaba.
Johaniel no sabía que existían, nadie había tenido el valor de acercarse, ni siquiera a ofrecer un poco de ayuda, lo que era innecesario… pero siempre había alguien con buenas intenciones. Pero nadie se acercaba ya que al regresar después de dos meses, este parecía ser un ente efímero, hermosamente esculpido como una obra de arte con una barrera invisible a su alrededor que mantenía a todos alejados. Ni siquiera los maestros se atrevían a interrumpirlo para ofrecerle ayuda. Johaniel no había notado los cambios en su piel o cuerpo, ambos se habían desarrollado ofreciendo la imagen de un dios griego que levantaba hormonas. Como punto aparte nadie notaba como ese ser viviendo dentro de Johaniel era el culpable del cambio de la energía en la habitación en la que este se encontraba.
Los testigos observaban a Zenien que se acercaba a murmurar cosas que nadie entendía, por eso habían todos notado que este era el puente para llegar a Johaniel y poco a poco las cosas se habían salido de control de esta manera. Entre los regalos para uno o el otro, todos seguían a ambos hermanos intentando saber más, las historias escritas en libretas sobre romances propios con los jóvenes como personaje principal eran muchos. Por otra parte, en rincones innombrables, los sombras se asustaban ante lo que algunos escribían, historias en las que ambos jóvenes eran amantes y rompían cada tabú social. Estas chicas iban desde sacar fotos, dibujar o tener foros dedicados a estas aventuras nocturnas. Los únicos testigos eran los sombras qué monitorear la vida social de ambos jóvenes notificando al viejo dragón de todo detalle. Mientras Johaniel no entendía los murmullos del ser consciente dentro de él cada vez que alguna de esas chicas o chicos se acercaban con esas ideas en mente. Sí entendía que el ambiente había cambiado, no para mejor. Pero realmente no le importaba más allá de lo que afectaba la interacción con Zenien y su familia. Los sombras que seguían a ambos jóvenes eran los únicos testigos que entendían la bomba de tiempo que se estaba cociendo entre ellos.
Volviendo a Zenien cerca de Johaniel lo único que a veces éste decía era la palabra comer en forma de gruñido, pero era suficiente para que Johaniel se detuviera, se pusiera en pie y saliera a hacer precisamente eso. Los murmullos en los pasillos aún mencionan el primer día del regreso de Johaniel a la escuela donde Zenien le había murmurado la palabra para ser ignorado como todos los demás, a lo que el joven respondía sacudiendo su silla con desesperación. Todos habían notado que de momento había sido la única ocasión en la qué ambos se miraron al rostro molestos e incómodos. En ese momento la tensión habría podido cortarse con una navaja.
Los compañeros de salón habían esperado a que los hermanos se fueran a los golpes según las miradas. Para todos sostener un suspiro en sus gargantas, al notar el rostro angelical de Johaniel haciendo contraste con la mirada penetrante del guerrero infernal que era Zenien. El contraste había dejado huella en los presentes que escucharon como el primero susurró una disculpa, para salir un instante después en dirección a la cafetería a comer solo, en menos de quince minutos había regresado al salón y se había sentado a seguir trabajando.
Todos se preguntaban la razón por la que los hermanos no hablaban en la escuela, lo cual tampoco era nuevo, pero había cambiado con el tiempo. Al inicio, cuando Zenien había llegado este ignoraba a su hermano como si fuera la peste bubónica, pero Johaniel siempre sonreía, haciéndoles ver que tenían una buena relación. Ahora ambos parecían encerrados en sus propios mundos. Lo cual los convertía en el foco de muchas fantasías. Lo único claro y seguro en esa ecuación extraña era que Zenien estaba a salvo de las miradas amenazantes de Johaniel. Había una guerra fría entre ambos jóvenes, mientras un infierno de hormonas eran despertadas en hombres y mujeres con problemas de la adolescencia a su alrededor.
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