No somos hermanos (Libro 3: Segunda Parte)
Segunda parte
Verdades
—Señor, ya están aquí. — Johaniel asintió y colocó una sonrisa brillante en sus labios. Escuchó a su madre murmurar un “Waoo” sorprendida y no pudo evitar la emoción agradable que se posó en su pecho. Si supiera que ese encanto varonil era el aviso de violencia en el que debían huir del monstruo, ya que la sangre comenzaría a correr sin que nadie pudiera evitar la masacre, no lo miraría como si fuera la cosa más hermosa sobre la faz de la tierra. Si tuvieran idea de quién era realmente estarían corriendo en dirección contraria, pero su rostro de ángel no había desaparecido del todo, lo que era un encanto en sí mismo.
Kristen, por otro lado, se estremeció, para un sombra sin emociones era extraño, pero no se podía evitar esa reacción. La cacería, la adrenalina y los movimientos astutos para atrapar la presa eran una obra majestuosa que su joven amo había aprendido a perfeccionar en los últimos años. Los resultados se quedarían con ellos por siempre como una tortura, el aviso de peligro estaba en cada movimiento. Ningún sombra tenía duda de lo excelente que era su amo en usar las debilidades de sus enemigos para destruirlos. Era un cazador perfecto.
Zenien al entrar se mostró avergonzado, pero confundido por la sonrisa. Johaniel notó que la vergüenza era dirigida a sus padres a los que parecía sentir haber fallado. Mientras, la mujer que le acompañaba miraba a su alrededor sorprendida y con codicia en los ojos. Esa mirada cargada de ideas calculadoras se posó en sus padres, lo que en un momento provocó un gruñido del ser que se escondía en su pecho. Respiró profundo sin perder su máscara notando que sus padres sonreían sin felicidad, sin saber que más decir ante la situación. Ya conocían el resumen de la mujer, lo más grotesco había sido escondido, pero ambos tenían claro que la sonrisa inocente era completamente falsa. Zenien se dejó abrazar por ambos, mientras se disculpaba en murmullos casi inaudibles. Johaniel tomó la copa en sus manos y dejó que sus sentidos recibiesen información que iba desde los latidos del corazón de todos los presentes, a la malicia, la codicia, el dolor y la confusión. Aun así, lo más importante sucedió provocando que fuera él que gruñera. “Es parte de Zenien.” Johaniel asintió ante la afirmación de forma imperceptible al murmullo a ese demonio que compartía imágenes sangrientas, dónde castigaban a la mujer por tomar lo que les pertenecía y de Zenien por ser un idiota, otra vez.
Durante toda la tarde el demonio que era capaz de ver mucho más que la superficie, estuvo estudiando la conexión biológica entre el feto y Zenien. Siempre había un rastro energético entre los padres e hijos. Había intentado identificar dicha conexión astral entre el feto y Zenien, lo que ahora le mordía. Con una sonrisa amarga que avisaba violencia contra el mundo, Johaniel invitó a todos a sentarse a la mesa. La mujer había tomado el brazo de Zenien, esforzándose por actuar como una pareja, mientras que este mantenía el silencio y la mirada en todos lados menos en Johaniel que lo observaba con reto en su rostro.
—Ahora, ¿qué piensan hacer con un bebé no planificado en camino? —Laura preguntó sin dejar de sonreír, pero con frialdad en los ojos mostrando lo incómoda que estaba en esa situación. Nadie mejor que ella en esa habitación sabía lo difícil que era criar un bebé sola. Añadiendo el problema del tipo de relación que sabía tenía su hijo con esa mujer.
—Después que el bebé nazca, yo me encargaré de criarlo. — Zenien dijo seguro de sí mismo, como si fuera algo que ya se hubiese discutido.
—Nuestro bebé va a necesitar a ambos padres para la crianza.
—¿Rita? — Zenien se sorprendió ante el murmullo de la mujer mientras lo miraba confundido. No entendía el cambio de actitud en ella. Ese no era el acuerdo al que habían llegado. —Pero…
—Nada, el bebé también me necesita. — Johaniel negó en silencio e hizo una señal a un sombra para que este se acercara.
—Zenien sabes que la probabilidad de que el bebé sea tuyo es menor del veinticinco por ciento. ¿Aun así lo vas a criar tu? — Johaniel fue frío y cínico en su comentario. De su rostro había desaparecido la sonrisa amigable y depredadora, ahora se notaba furioso por el dolor que podía ver en la mirada del futuro padre. Nadie en la mesa supo que decir ante esa afirmación junto a la evidencia de fotos en las que se podía ver a la mujer con diferentes hombres en situaciones comprometedoras. Zenien no se sentía engañado, tenía claro quién y cómo era Rita.
Rita siempre había estado detrás de los miembros del equipo de natación. No entendía muy bien qué sucedió esa noche en la que estuvo con ella, pero sí sabía que no fue por una decisión consciente de su parte. La verdad lo hacía sentir avergonzado de diferentes maneras. Todavía podía recordar el horror y asco que sintió sobre sí mismo a la mañana siguiente y el cómo había dejado claro que no deseaba una relación con la mujer, para un par de meses encontrarse en esta situación. Suspiró profundo y miró a su hermano con decisión.
—La verdad no es bonita, pero la opción es un aborto y la criatura es inocente.— Las palabras fueron en voz baja, pero firmes lo que provocaron emociones encontradas en Johaniel que se sentía orgulloso de ese hombre que le provocaba deseos de encerrarlo y no dejarle ver la luz del sol.
—Sólo tú y el pato Donald, cabrón. — Johaniel murmuró con una sonrisa amarga en los labios, lo que le ganó un golpe en la cabeza de su padre por el uso de vocabulario. — Está bien… Está bien… No nos pongamos violentos. No hay matrimonio. — dijo Johaniel. Zenien asintió mientras que Rita miraba a todos sin entender realmente la dinámica familiar que había cambiado. El cómo todo estaba bajo el control de Johaniel.— Si el bebé es tuyo por prueba de ADN será educado por la familia, si la prueba da negativa en paternidad se buscan otras opciones.
—¿Cómo te atreves a tomar esa decisión? — Ella no entendía el silencio de los padres de Zenien, ni la confirmación silenciosa de este ante las palabras de Johaniel. — El niño estará bajo mi cuidado.
—Vamos a analizar la situación poco a poco. Si hacemos lo qué tu propones, solo tendrás acceso a la pensión alimenticia del niño que será determinada por un juez, según el sueldo de un contable qué inicia en una compañía. Esto si es hijo de mi hermano por supuesto. Por otro lado, si renuncias a la custodia del niño, recibirás un cheque mensual de cinco mil dólares hasta qué este cumpla los 18 años, sea hijo o no de Zenien. — La sonrisa era la de un depredador que sabía cómo controlar a su presa. — Tú decides qué te conviene.
Cuándo regresó a su hogar Zenien no sabía cómo pedir ayuda ante la situación en que se encontraba, pero esperaba que su madre tuviera idea de cómo podía ser un buen padre para ese niño que había llegado y que no tenía culpa de los errores de los adultos. Esperaba regaños y el apoyo de todos los miembros de la familia. Lo que no esperaba fue la iniciativa de su hermanito. Notó como su madre jugaba con su collar y que su padre apretaba los puños sin mirar a ningún lado. Rita hacía los cálculos mentales de lo que sucedía y lo que podía sacar en esa situación.
—¿Este acuerdo es entre la familia y ella? o ¿Yo?
—No querido “hermano” este arreglo y las condiciones son directamente conmigo. Por supuesto, habrá condiciones a las que atenerse como madre y tu tendrás tu cuota a pagar por ser el idiota que cayó en la trampa puesta para otro, mientras era protegido de la trampa que le habían tendido.
—¿Cómo?
—OH… es qué no sabes del club de señoritas. — Rita supo en ese instante que era un juego perdido.
—¡Estoy de acuerdo con lo que propone, pero quiero un colateral que me asegure el acuerdo! — El grito de ella hizo que todos dieran un salto. Johaniel sonriendo asintió y abrió los brazos para mostrar todo lo que tenían a su alrededor.
—¿Qué deseas? — Rita miró a su alrededor pero nada le parecía valioso y práctico hasta que notó a la mujer que sostenía entre sus dedos temblorosos un collar de diamantes. Ante esa mirada Johaniel quiso soltar una carcajada. Había cosas que nunca cambiaban con ese tipo de personas.
—El collar…— Johaniel no dijo nada más, Zenien frunció el entrecejo y notó por primera vez los detalles del collar que su madre sostenía incómoda. Eso unido al brillo en la mirada de triunfo en Johaniel, que dejaba claro que había ganado algo, lo obligó a guardar silencio. Vio cómo su hermano se puso en pie con la sonrisa en los labios, para moverse tras su madre para ayudarla a quitarse el collar.
—Te aviso que no podrás ir muy lejos con el collar, este es extremadamente valioso y solo lo tendrás en tu poder a lo que nace el bebé. Kristen, trae el contrato. — El movimiento en la otra habitación avisaba que se estaban siguiendo sus instrucciones.
—¿Valioso? — murmuró Rita sin entender, pero no podía despegar la mirada del collar que ahora estaba siendo colocado en una caja negra.
—Sí. El diamante Esperanza, está valorado sobre doscientos cincuenta millones de dólares en el mercado. Uno de los problemas es que pertenece a mi familia materna, era de mi abuela. Así que no está disponible para nadie que no sea… familia. Ahora será el colateral para el bebé que está en tu vientre porque será tratado como familia. —Ella asintió feliz de tener en sus manos algo tan valioso. Leyó como en una nube el contrato y lo firmó sin pensarlo dos veces. En ese instante se convirtió en un vientre de alquiler para esa familia. Pero el abrazo que le dio a la caja que contenía el collar de diamantes, gritaba a los cielos que solo eso era importante. Se dejó llevar a su habitación con una sonrisa estúpida en los labios. Habitación en la que pasaría un par de noches hasta que se pudiera habilitar un lugar en la casona principal, dónde no molestara al joven amo, pero los sombras pudieran proteger al bebé.
—Johaniel… qué… — Laura no sabía que decir, nunca imaginó que el collar fuera tan valioso.
—No hay lío Mom. Siempre he pensado que te quedan mejor las perlas rosadas. — La mujer se sonrojó al recordar el regalo que su esposo le dio en su último aniversario.
—Johaniel el diamante Esperanza se supone que esté en el Smithsonian, en la capital. — El joven asintió a las palabras de su padre, sabía que este iba a reconocer el diamante.
—Según las malas lenguas, se supone que fue robado un par de veces, nadie lo puede confirmar, por la carga que conlleva tanto al que lo roba, como al que desea poseerlo. Ahora hay una copia perfecta, que es idéntico a este, un diamante azul, pero no tiene la maldición—. Murmuró, la mirada de miedo en su padre lo dejó sonriendo. —Ey, no me miren así, dije que tenía varios problemas.
Johaniel le ofreció una copa de licor a su padre y a su madre un vaso de jugo. Zenien se mantenía callado observando la habitación en silencio. Había mucha información que nunca le quedó clara con respecto a su hermano, pero ahora parecía que esa información había creado una deuda por su estupidez.
—¿Maldición?
—Sí madre, aviso que sólo afecta a cierto tipo de personas. Por eso pude quitarlo de tu cuello y no sentiste más que alivio. No hubo sensación de pérdida, ni molestia. ¿Verdad? —Ella asintió sin comprender muy bien. Eso era lo hermoso de esa mujer, nunca había deseado más allá que la felicidad de aquellos que amaba, lo material le parecía extraño.
—¿El club de señoritas? — Zenien preguntó con dudas pero temeroso de saber la respuesta.
—Cosas de jóvenes idiotas. Mujeres y hombres que apuestan con cuántos miembros del equipo de natación se pueden acostar y si quedan embarazados mucho mejor. Buscan una buena vida, plan que fastidiaste al decir que no seguirías en el equipo. —Laura acarició la mano de su hijo mirando con lástima mientras Johaniel le contestaba. A ella le había costado entender toda la evidencia que Johaniel había procurado después de conocer la situación. Pero seguía pensando que lo mejor era mantener la distancia con esa joven que todavía no sabía que quería de su vida. Deseaba que su hijo estuviera lejos de esa cruel verdad que pudiera destruir a la familia y a su posible nieto.
—Por favor explícale todo a tu hermano con calma Johaniel. Nosotros nos retiramos.— Su padre ayudó a su esposa a ponerse en pie y luego colocarle el abrigo, para apresurarse a salir por la puerta. No quería estar presente en la conversación que iba a ser más que vergonzosa, no le importaba que sus hijos lo catalogasen como un cobarde. No quería escuchar los detalles de ese asunto por segunda vez. Ahora era mejor dejar todo en manos de Johaniel.

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