No Somos Hermanos (Libro 3 Sexta Parte)

 


Sexta parte 

Sin escapatoria

—Zenien, no tienes por qué fastidiarla por nosotros, por tus sucias emociones —exclamó Rita, que veía cómo este intentaba sacarla del juego. Johaniel miró a uno y al otro sin entender. Lo que lo confundía era la fuerza del ronroneo en su pecho. Guardó silencio unos segundos antes de mirar con cuidado a la mujer, que parecía tener un ataque de celos pensando en su cuenta bancaria.

—¿Sucias emociones? —Rita tomó la mano de Johaniel como si le desnudara el alma. Zenien la miró con horror y se levantó de la silla sin llegar hasta donde estaban ellos. No entendía qué lo sostenía en ese lugar, pero su cuerpo había perdido toda capacidad de moverse para evitar el desastre que llegaba a su vida por su culpa. Incluso podía sentir cómo una… ¿mano? ¿Garra? le cubría su boca. Estaba preso en su cuerpo, incapaz de detener su pesadilla.

—Puede que no lo sepas —dijo Rita—, pero Zenien tiene… bueno, te desea desde siempre. Es algo carnal.

—¿QUÉ? —Johaniel lo miró esperando respuesta. Al ver que se negaba a hablar, miró a Rita, que se veía triste, pero había malicia y triunfo en el brillo de su mirada.

—¡Imposible!

—No lo es. La noche… bueno, cuando pasó lo del bebé, él solo murmuraba tu nombre mientras estaba conmigo... Al inicio estaba confundida, pero al conocerte entendí. ¡Él te desea—! Johaniel no esperaba respuesta en ese momento. Sentía la piel erizarse. Al ver los puños apretados de Zenien, sonrió con placer. Al fin lo vio levantar la vista con los ojos cargados de lágrimas, lo que rompió algo en su interior. Sintió cómo sus hombres retiraban a la mujer de la habitación y ni siquiera miró hacia la puerta.

Sentía cómo esa habitación interna donde había resguardado todas sus emociones explotaba sin importarle. Incluyendo el ronroneo de ese ser que desde los tres años lo había acompañado y torturado… no, no había sido tortura, había sido sobrevivencia para ambos, y ahora se veía libre. Unificados en un mismo deseo. A ese ser renacido de la unión de su conciencia y el dragón que en él habitaba no le importaba quién fuera afectado por la energía que se estaba liberando con su transformación. Podía sentir cómo su cuerpo tenía más masa muscular, era más alto. Zenien se veía pequeño frente a él, pero no había mayor reacción en este ante esa nueva forma. Los humanos solían perder la cordura al darse cuenta del dragón que compartía cuerpo con él, aun sin llegar a esa metamorfosis. Sin duda, Zenien parecía no sufrir el efecto de la energía liberada.

Las dudas lo invadieron al ver que Zenien no caía de rodillas ante esa nueva forma. Johaniel, por primera vez, se sentía completo. Había escuchado las viejas historias sobre la unión de esas dos partes que luchaban por el control. Siempre le había frustrado que su abuelo lo hiciera con tanta facilidad mientras él seguía en guerra con el ser que llamaba demonio desde que lo sintió despertar cuando intentó sobrevivir a la locura de su madre. Sacudió la cabeza: en ese lugar, en ese momento no había espacio para esos recuerdos. Puso toda su atención en el cuerpo de Zenien, que parecía una estatua.

—¿Qué son? —preguntó Zenien.

—Dragón y humano —contestó el ser. Zenien asintió como si al fin comprendiera la razón para estar en ese lugar, en ese instante. Johaniel no tenía control de su cuerpo; era como si viera todo desde una ventana. Se sintió flotar, como si con esta situación recibiera respuestas a una pregunta que no se había hecho. No era un mundo sin sensaciones, el frío de la habitación, incluso el contraste con el calor del cuerpo de Zenien, tono era recibido en ese espacio en el que estaba su consciente.

—El idiota de Johaniel no sabe nada, nunca quiso aceptarme ni escucharme. Pero tú… con tu corazón inocente, desde la primera vez nos aceptaste. Siempre me aceptaste como parte de tu rutina, con la sombra de la primera noche que pasamos juntos en el olvido. Aun con lo extraño que fuimos, aun confundido, hiciste un espacio para nosotros. Pero eso no importa. Tu deseo por nosotros se lo diste a ella… a otros. Lo que nos pertenece, otro cuerpo lo tomó. Ahora tú pagarás— las palabras eran susurradas. No había necesidad de gritos ni peleas. Ese ser lo sabía todo. Su cuerpo era controlado por la energía que Johaniel liberaba, y ambos hombres se vieron moverse sin control alguno. Eran marionetas en ese baile que no tendría fin hasta que ese ser quedara completamente saciado.

—Yo… ¿las noches?

—Zenien, eres nuestro de ahora en adelante. No más juegos, no más medias verdades. Debes saber que la persona que toques con deseo morirá de forma dolorosa y lenta. La ramera… la mujer solo está viva porque tu hijo está en su vientre. Razón por la que puede dar gracias.

—¿Dónde?

—No importa. ¿Entiendes lo que te digo? ¿Verdad? No más mujeres ni hombres entre tus brazos. No habrá otra persona compartiendo tu cama. Johaniel nunca ha aceptado el toque de nadie, y yo solo me alimento del deseo que sienten por él— El gruñido no era humano, pero ese hombre tenía que entender. Para Johaniel y su dragón, él era un tesoro que no se reconocía por completo como tal. Zenien intento asentir sin entender, pero la mirada rojiza lo hizo estremecer. Las escamas doradas y los ojos idénticos a los de un gato o reptil. Incluso la forma en que se contraía la pupila no era humana. Zenien intentó sacudir la cabeza sin mucho éxito. Notó la sonrisa en ese ser que esperaba la respuesta exigida.

—Así será… pero Johaniel no puede estar con otra persona. ¿Puedo ser suficiente para ustedes—? en esas palabras estaba el dolor ante la idea de tener que compartirlo.

—Pequeño cachorro, fuiste el primero y el único. El club es una forma de absorber energía y cumplir con la misión de mi raza— la felicidad en el rostro de Zenien estaba mezclada con confusión. Nunca supo que, aun con ese dragón milenario, Johaniel había respetado su inocencia como algo sagrado. Más aún, su respuesta a las noches de sueños compartidos le había parecido dulce al dragón y confusa a Johaniel.

—Luego hablan de los detalles. Ahora debes prepararte, ya que no podrás dormir en toda la noche. Este dragón exige lo que se le ha negado por poco más de diez años— el estremecimiento en el cuerpo de Zenien no pasó desapercibido. La carcajada en labios de Johaniel demostró que no tenía problema en disfrutar de lo que sucedía fuera de su control. Con movimientos lentos se movieron a la habitación. El pent-house se llenó de gemidos y gruñidos que quienes los escucharon jurarían que no eran humanos.

——Divisor——

Al otro lado de la ciudad, donde las montañas estaban envueltas en magia, leyendas y misticismo que resguardaban secretos milenarios, un viejo con una sonrisa en los labios recibía a Rita. Ella notaba el cambio de situación. No tenía su celular. La mujer y el hombre que la habían acompañado durante la mañana no respondían a sus preguntas, que pasaban de susurradas a gritos histéricos. Ahora, frente a una casa hermosa envuelta en naturaleza, supo que debía hablar con cuidado. No era que la burla en esa mirada no le provocara rabia, pero algo en ese hombre le decía que su vida y futuro estaban en sus manos.

—La ignorancia es maravillosa, ¿no crees? —un gruñido murmuró un sí, y luego soltó una carcajada que hizo estremecer a todos los presentes. Rita miró a su alrededor asustada, buscando la procedencia de ese sonido. Le sorprendió encontrar a los guardaespaldas temblando a su lado, mirando al suelo y evitando al hombre que los recibía.

—Niña, nunca pensaste que tu estúpido juego te pondría frente a una cría de dragón. No te preocupes. Los próximos meses no serán más que un sueño para ti. Luego regresarás a tu vida como si nada… mientras respetes el trato con mi nieto, tu vida será menos complicada.

—Yo… yo…— el hombre asintió. En segundos, la mujer fue rodeada por hombres y mujeres que aparecieron de la nada. Eso dejaba claro que tenía que seguir las palabras de ese viejo o estaría en problemas. La sonrisa en esos labios era mortal.

—¿Señor?

—Coloquen el collar cerca de ella. Que lo vea, pero no debe tocarlo —Con esas instrucciones dadas, le dio la espalda a la mujer y a la situación, y entró en la casa. Había una cena familiar y una boda que preparar. Los cachorros estarían ocupados por un par de semanas. Oh, la hermosura de la juventud. El sonido de una carcajada no humana saliendo de esa boca fue suficiente para que todos los Sombras se estremecieran. Pero a su vez no pudieron evitar sonreír de felicidad. Si el dragón era feliz, la familia sería próspera.

—Inviten a la familia de mi yerno. Este chico nunca se rindió con su hijo, aun notando las diferencias. Es momento de mostrarle parte del mundo al que pertenece… además quiero ver a los gemelos. En esta última visita hubo… bueno, poco a poco.

——Divisor——

¿Era de día o de noche? Johaniel no sabía cuánto tiempo había pasado desde su unificación. Entendía que el catalizador era Zenien, pero aún se sentía desconectado de esa nueva realidad. El ronroneo en su pecho lo hizo enfurecer de nuevo. Deseó poder golpear a ese idiota. Cuando despertó de la primera noche fue testigo del estado de Zenien: heridas abiertas, sangrando en diferentes lugares. Con desesperación pasó los minutos siguientes sanando el cuerpo que parecía estar roto. Luego se enfureció de nuevo al ver la sonrisa satisfecha del idiota, que comenzó a besarlo sin preguntar qué carajo había sucedido. Para volver a comenzar. Sus cuerpos se habían mezclado en formas tan privadas que de nada valía mencionarlas. Fue confuso por demás. Johaniel buscó el ventanal, que estaba cubierto sin dejar pasar un poco de luz. De seguro sería de noche. Gimió al moverse y sentir que todavía estaba completamente lleno. Mierda… las cosas estaban por volver a comenzar.

Un gruñido a su espalda hizo que ciertos músculos en su cuerpo se apretaran, esperando y deseando que la locura diera un reinicio. Un beso, unos dedos apretando su cuello y el cuerpo exhausto.

—Mío —el murmullo ronco y posesivo volvió a encender su pasión. ¿Ante tal posesión, quién necesitaba saber la hora del día, qué día era o siquiera dónde diablos estaban?

——Divisor——

Kristen negó en silencio a los otros Sombras. Dejaron la bandeja de alimentos al lado de la puerta y salieron del lugar en silencio. Solo deseaba que esos dos pudieran manejar lo que estaba por suceder.

——Divisor——

Kristen se agarró el costado y entró en la habitación que había sido preparada para la reunión con el patriarca. Las costillas rotas, dos de ellas y algo más lastimado, lo hacían moverse con torpeza. Los otros Sombras hacían la preparación y cuidaban los detalles. El nivel de nervios había escalado ante el cuerpo herido del líder. Ninguno estaba seguro de poder sobrevivir a esa reunión.

Por otra parte, la reunión en el lugar era enloquecedora. Todos tenían claro en ese instante la razón por la que los miembros de la familia se mantenían recluidos en la montaña en momentos de emociones fuertes. El efecto de la energía que circulaba en el hotel había provocado una reacción extrema en los humanos, que renunciaban a su realidad y lógica para disfrutar de esa locura colectiva. Los Sombras tenían instrucciones de retirar a los humanos que se veían hablando incoherencias. El problema era que, como todos los adictos, así como salían, se recuperaban… y volvían a entrar en el club poco después para disfrutar de varias noches. Los miembros del mundo paranormal, por otro lado, entendían parte de lo que sucedía y usaban la energía para dar rienda suelta a sus pasiones.

El hotel se había convertido en la meca del sexo, romance, reconciliaciones, infidelidades, salidas del clóset y excesos. Los Sombras manejaban los detalles del hotel y el restaurante, intentando proteger a los humanos que desconocían la naturaleza del dueño. La energía liberada por el joven dragón complicaba la situación en el club. Todos se veían afectados, pero los Sombras habían sido entrenados para trabajar aun recibiendo ese tipo de energía errática. No obstante, en algunos lugares escondidos de la vista se podían escuchar los gemidos de algunos Sombras jóvenes que aún no podían mantener el balance y buscaban saciar sus cuerpos de formas nuevas.

Kristen levantó la vista al sentir que la presión de la energía disminuía, lo que anunciaba la llegada del patriarca. Se movió a recibirlo y no pudo evitar maldecir internamente al ver la sonrisa satisfecha en ese rostro. En definitiva, había esperado hasta el último momento posible para disfrutar de toda esa energía liberada. Vivir con dragones era difícil.

—Señor —Kristen hizo un gesto para que lo siguiera, y pudo sentir cómo la energía restante envolvía al hombre de forma lenta.

—¿Los cachorros?

—Preparándose para cenar con usted.

—¿Cómo es que estás vivo? Queda claro que mi nieto te aprecia de verdad—. Kristen asintió sin poder negar esa afirmación y el haber contado con eso para ser la persona escogida para interrumpirlos. Los otros Sombras miraron con horror a Kristen, que respiraba con dificultad y mostraba el dolor en cada movimiento. Solo el viejo dragón sonreía ante la imagen de dolor presente en el cuerpo del hombre.

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