No somos hermanos (Tercera Parte)

 



Tercera parte 

Tratos

Zenien no sabía qué pensar de toda la situación, seguro nada había sucedido como él creía o esperaba. Pero al ver a su padre con las mejillas sonrojadas y a su madre con una mirada de… lástima dirigida a él, debía admitir que era una nueva experiencia por diferentes razones. Por otra parte, su hermano parecía un depredador a punto de atacar, la sonrisa cínica le asustaba. Cuántas veces había soñado con ese reencuentro, el volver a estar frente a él deseando que volvieran a ser hermanos, y todo se había ido a la mierda por su estupidez.

—Ahora que nuestros padres se han ido a descansar, puedes contestar sinceramente: ¿Cuántas veces tienes que ser drogado para aprender la lección? —La voz tranquila y fría de Johaniel provocó que la piel se le erizara. Algo le decía que estaba en peligro, pero el entender el tema de la pregunta no le dejó mejor sensación en la boca del estómago. Podía ver la rabia en la mirada de este, de igual forma tenía que admitir que había habido varias situaciones incómodas en que había abierto los ojos sin saber cómo había llegado a su habitación. Pero lo último, y lo que lo dejaba sentado en su silla escondiéndose de los recuerdos y de esa mirada, era la reacción que estaba sufriendo la parte baja de su cuerpo.

En los últimos años siempre había tenido problemas para sentirse excitado, tanto por mujeres como por hombres, no porque no los encontrara hermosos. Siempre sentía que faltaba algo. Ahora se encontraba a un brazo de distancia del joven que se había metido en cada sueño de primavera en su adolescencia, solo a un brazo de distancia, el poderlo tocar… le estaba dando ideas extrañas. Las emociones que en su momento lo habían obligado a salir corriendo de su hogar, al otro lado del país, en un intento de no dañar a la familia con esos deseos, el terror que aún le provocaba escalofríos al pensar en cómo podría romper su confianza.

—Tienes suerte de que el niño sea tuyo… pero te juro que lo que viene después, no será bonito.

—¿Qué? —Su cerebro, envuelto en imágenes que deberían ser censuradas, le torturaba, así que no entendía bien lo que su hermano quería decirle.

—Esa mujer tomará una de dos opciones. Se quedará y tendrá a tu hijo, para entregarlo a cambio de una vida cómoda en el futuro —Johaniel sonrió como si pensara que eso era improbable.

—¿La segunda opción?

—Intentará escapar con el collar —El silencio que llenó el lugar era marcado por los golpes que Johaniel daba en la mesa con sus dedos de forma rítmica—. No te preocupes, no morirá; hoy por lo que lleva en su vientre y en el futuro porque tiene que pagar por atreverse a robar lo que me pertenece. El abuelo la recibirá en un par de días… eso sí, el idiota que tengo al frente no se salva de pagar por la locura que inició por confiar en personas que nunca fueron sus amigos.

Zenien gimió de forma ahogada, algo en su mente se estaba rompiendo en mil pedazos. No había sentido común que pudiera explicar la locura que estaba viviendo. Estaba en peligro por la sonrisa furiosa de Johaniel, esta le decía que en esta ocasión no podría escapar… que el cobro sería en sangre y sería eterno, lo cual no le asustaba, ¿le excitaba? Su hermano estaba furioso, aunque entendía que había hecho sufrir a sus padres, no entendía esa sensación de que había algo más en esa situación que no lograba entender.

—Johaniel… solo quiero vivir en paz con mi bebé. No deseo ser un problema para nuestros padres y mucho menos para ti. Juro que no deseaba que fueras quien solucionara este problema en el que entré solo. Cuando Rita dijo que era mejor abortar al bebé si yo no lo quería, no supe qué más hacer. Tenía que regresar y comenzar desde cero para darle una oportunidad a ese niño que no tiene la culpa de las decisiones de los adultos. Decisiones que provocan que estos mismos adultos se metan en líos, para que terminen pagando los más pequeño. Creo que una mujer puede tomar la decisión que quiera sobre su cuerpo, pero en muchas ocasiones el acabar con una vida en su vientre este atado a como nosotros como hombres nos limpiamos las manos de esos “errores”

—Esa es la única razón por la que se te recibió con una cena y planes para protegerte a ti y a tu bebé. Si no hubieras venido, tendrías toda una nueva experiencia al ser arrastrado por el cabello junto a esa zorra —Johaniel movió su mano en señal para que trajeran lo que había preparado para ese momento—. Zenien, estoy cansado de cerrar los ojos ante las cosas estúpidas que decides hacer cerca o lejos de mi control. Hoy tienes que tomar una decisión. Ese plato cubierto que observas con detalle, es tu tarjeta de pasar por GO y cobrar los doscientos —Johaniel guardó silencio unos segundos tratando de hacerle entender lo serio de la situación en la que estaba y cómo todo se podía ir al carajo con su decisión—. Si decides que no quieres esa tarjeta que te ofrece ciertas ventajas en una situación jodida… vas a buscar cómo salir de los líos que Rita va a formar para el resto de tu vida y la de tu hijo sin mi ayuda. Algo que debes tener claro es que vivirás con todo un infierno detrás de ti, colocando peñones frente a ti. Créeme, me voy a asegurar de que vivas en un infierno parecido al mío.

—No entiendo… —Zenien miró a su hermano que por primera vez parecía cargar la tristeza del mundo sobre sus hombros. Lo vio quitar la cubierta del plato para dejar al descubierto una pastilla plateada.

—Al tomar la pastilla, estás colocando en mis manos tu vida entera, tu futuro y tu bienestar familiar —Johaniel lo miró esta vez sin sonreír con ironía. —Esa pastilla es una versión mejorada del primer afrodisíaco al que fuiste expuesto. Permitirá que uses tu cuerpo en una de mis salas de exhibición para pagar tu deuda, estarás bajo el control de personas en las que confío y podrás balancear tu vida diaria gracias al apoyo que recibirás del mundo del que serás parte desde este momento. Harás lo que se te diga… si dices que no tomarás la pastilla, regresarás a tu habitación, pero no recibirás mi ayuda o apoyo en este u otros asuntos. No voy a limpiar la basura de debajo de tu cama sin cobrar —El ruido de algo que se movía lo hizo mirar hacia una pared que desapareció y dejó a la vista unos monitores que mostraban imágenes exclusivas de películas para adultos. Zenien no entendía a qué venía todo eso, pero la mirada de Johaniel le decía que eso era lo que le esperaba.

—¿Qué es todo esto?

—Mi vida… lo que nuestros padres, desconocen de mi realidad. —Johaniel se negó a dar detalles de ese mundo. El rostro de horror de Zenien lo decía todo. Era difícil explicar que ese espacio era una necesidad por la naturaleza de la herencia familiar, a muchos les podría horrorizar su estilo de vida. Pero él no estaba para dar explicaciones a nadie, menos en esos instantes. Notó cómo Zenien miraba con horror algunas de las pantallas una y otra vez, el sexo en grupo era lo que más se podía observar en las pantallas, acompañadas con imágenes en movimiento de sadomasoquismo, junto a otras pocas donde se podían observar gustos extraños. Las habitaciones de otras razas estaban escondidas, quería mostrarle su mundo, no matarlo del susto ante la realidad que ignoraba.

—¿Me vas a colocar en una de esas habitaciones? —Zenien sintió cómo las piernas perdían su fuerza y se dejaba caer al suelo. No entendía cómo no sintió dolor por la fuerza de gravedad, pero su mente estaba atada a la idea de ser parte de esas… ¿Pesadillas?

—No estás obligado a participar y podrás poner límites a ciertas escenas. Lo mejor de todo es que mañana al despertar no recordarás con quién estuviste, ni qué sucedió con tu cuerpo. Tu cuerpo no tendrá marcas, ni rastro alguno de lo sucedido —Zenien entrecerró los ojos, confundido por esa última afirmación.

—¿Qué es lo que hace esa píldora?

—Ya ha sido probada en varias personas, todo inicia con el disolverse con los ácidos estomacales, momento en que el cuerpo inicia un proceso de subir la temperatura, bombear sangre a ciertas partes de tu anatomía. Tu mente se enfocará en las áreas sensibles, desearás penetrar y ser penetrado hasta la locura —Johaniel había visto cómo funcionaba, no quería errores y mucho menos riesgos con Zenien. Siempre había sabido que sucedería, la pregunta era: ¿Cuándo? Tuvo que tragar una maldición al pensar en todas las noches en las que se contuvo para no salir en su jet privado, para caerle al idiota en su apartamento para probar la maldita píldora. Al mirar al hombre que seguía con el trasero en el suelo, sonrió al pensar que dicha información no era para compartirla.

—¿Yo… será como dormir… lo que pasará no lo recordaré? Mi cuerpo, los rostros… todo lo que…

—En tres días no aparecerá rastro de la pastilla en tu sistema. Pero repito: te puedes negar. Solo tienes que enfrentarte a las consecuencias de tu estupidez sin mí. No será fácil, pero igual tampoco será imposible.

—¿Mi pareja?

—Quién o quiénes yo decida. No sabrán quién eres y no los recordarás mañana.

—¿Por qué? — Zenien se sentía sofocado, no quería compartir su cuerpo con personas desconocidas. Ya había pasado por ese proceso y de nada le había ayudado a sacar la sombra de su deseo de su mente. La respuesta de Johaniel llegó cuando lanzó con furia al suelo varias docenas de fotos donde se podía observar el rostro de las mujeres compartiendo su cuerpo en situaciones escandalosas—. Nada que no hayas hecho antes, hermanito.

Zenien miró con horror las fotos en las que aparecía siempre con alguien al lado. Esas noches de pasión fría lo habían dejado amargado, pero ahora eran parte de la vergüenza con la que tenía que cargar al pensar que su hermano sabía de cada una de ellas. Se sentía humillado, pero sabía que se merecía ese castigo. Lo más importante en esa ecuación, su hermano, que parecía capaz de cualquier cosa, tenía el poder de proteger ese bebé. Zenien tragó con fuerza, algo dentro de su mente le decía que había más… algo que no entendía, pero si seguía pensando en ello saldría corriendo de esa habitación y de las imágenes en los monitores que le torturarían para el resto de su vida con un millón de “Tal vez”. Asintió de forma rápida y tomó la píldora que su hermano ahora le mostraba a unos centímetros de su rostro junto a un vaso de cristal azulado. Colocó la esfera plateada en su boca y con manos temblorosas tomó unos sorbos del vaso.

Se puso en pie preparado para que lo llevaran a la habitación que sería su pesadilla esa noche. Observó el rostro de Johaniel que estaba cargado de… ¿tristeza? Notó cómo sacudía la cabeza y miraba al techo buscando respuestas que nada, ni nadie, podría ofrecerle. Zenien encontró la imagen tan hermosa y erótica como en los primeros años de sueños candentes. Ahora ese cuerpo estaba cargado de músculos y no había sonrisa para él, pero seguía siendo el inicio de la pasión en su cuerpo. Lo que, por supuesto, provocó una reacción en su entrepierna. Johaniel sonrió de forma fría y calculadora al notar el miembro endurecido tras la tela de su pantalón.

—Una de dos, es muy rápida la píldora o la idea de compartir espacio en algunas de esas escenas te gusta —murmuró Johaniel excitado y rabioso de igual forma. Él había iniciado con esa prueba, ahora le tocaba terminar con ella, más se negaba a tener una conciencia en ese instante—. ¡TODOS FUERA!

No hubo ruido, nadie dijo palabra alguna, pero Johaniel sabía que estaban solos. Vio cómo Zenien abría los ojos al verle quitarse la camisa dejando al descubierto su pecho con líneas intrínsecas que desconocía cuándo habían sido colocadas sobre esa piel blanca. Un gemido escapó de sus labios al verlo pasar sus dedos por el borde de su pantalón tentando su mente racional.

—¿Johaniel?

—No te asustes… lo olvidarás todo, al igual que sucedió con nuestra primera noche —La confusión de Zenien se podía ver en su rostro y era de esperarse, entre los recuerdos olvidados y los efectos de la pastilla, no podría formar ideas coherentes. Su mente en esos momentos, afectada por la pastilla, solo debía estar llena de un solo pensamiento, saciar su deseo. Una sombra se extendió desde su cuerpo, no tenían que esconder lo que eran, ni lo que podían hacer a través de esa sombra, el cuerpo de Johaniel y el de Zenien eran conectados, este último no siente miedo… pero sí se sorprendió al ser levantados con cuidado del suelo. Johaniel no lo había tocado pero esa fuerza que reconocía, le acariciaba moviéndolo con cuidado hacia la habitación. 

{...} 

Nota de la autora:

Ha sido editado para publicación en línea. 

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