No Somos Hermanos (Libro 4 Segunda Parte)

 


Segunda parte

Acepto

—La Tierra late… la luna nos llama como hermanos a cuidar de aquello creado por los padres. Hoy damos la bienvenida a un nuevo hijo dragón en el norte. Protector del balance entre oscuridad y luz—. La voz del viejo dragón provocó que la piel de varios presentes se erizara y los corazones latieran al mismo tiempo. Johaniel, cubierto con un velo rojo traslúcido hasta las rodillas, sintió cómo la energía del mundo se concentraba en su núcleo.

—Sangre de mi sangre, ¿estás dispuesto…?

—Estoy dispuesto— Con esas palabras, se puso de pie, dejando caer el velo, con el rostro mirando la luna, mostrando el rostro lleno de escamas que brillaban bajo la luz de la luna.

—Padres y hermanos… le damos la bienvenida.

En ese momento, figuras enormes salieron de diferentes puntos; los árboles parecían moverse para dejar paso a cada uno de ellos.

—Ursa bendice la fuerza del cachorro.

—Prometeo bendice la luz de su mirada que ve toda realidad.

—Hades bendice la vida y muerte que se encuentra en sus manos.

—Fenrir bendice los lazos creados con otros seres en su caminar.

Johaniel miró a cada uno de esos seres que le daban la bienvenida a sus rangos. No eran los únicos, pero sí eran los que habían sido testigos de su desarrollo, intentando controlar al ser que compartía su ser y aprender de ellos el cómo controlar las energías del mundo en el que debía mantener el balance. Se sintió humilde al tener a sus maestros como hermanos en ese camino.

Un murmullo se levantó en los presentes cuando una figura tomó forma en un rayo de luna. Era translúcida y se veía brillar con debilidad; era imponente, al igual que la pantera que caminaba a su lado. Ambas se acercaron con una misión; todos agacharon el rostro, recibiendo con humildad ese obsequio.

Johaniel cayó de rodillas; una fuerza mayor a él le hizo arrodillarse; no entendía la razón, pero comprendía que era importante, que ese ser era parte del inicio que todos caminaban. La voz interior murmuró solo un nombre: “Namoon”

—No de rodillas, mi niño… el mundo vuelve a tener balance por tu resistencia a la locura y luchar, aun cuando todo estaba en tu contra. Soy yo quien te agradece de rodillas—. La voz susurró en su oído, haciéndole llorar…— Mi bendición a tu unión con ese ser que los padres han escogido para ti. El miedo a perderlo no será parte de tu futuro… recuerda mis palabras.

Johaniel miró con sorpresa a Zenien, sin entender del todo; sabía que su obsesión no podía ver ni escuchar a ese ser. Pero aun así se notó su preocupación y el deseo de acercarse, pensando que había algún problema. Johaniel levantó su mano, sin decir palabra, lo invitó.

Esto lo hizo aún más preocupado ante las lágrimas en la mirada mística de ese joven dragón; las pupilas con tres tonalidades doradas eran extrañas, pero la emoción que se podía ver en ese lugar no lo era. Al verlos juntos, Namoon asintió y besó la frente de ambos.

Zenien pestañeó antes de mirar a su alrededor con dudas.

—Sólo por hoy, mi niño. Hoy tu lugar está al lado de Johaniel… gracias por amarlo y protegerlo…

Zenien parecía confundido; murmuró algunas preguntas que lograron hacer sonreír a Johaniel.

—Todo está bien.

—Viejo amigo, gracias por perdurar. Nos vemos pronto…

El abuelo asintió y se despidió de todos los que ofrecieron sus bendiciones a ese cachorro que apenas iniciaba su caminar en ese mundo que tanto lo necesitaba. Ursa parecía querer quedarse, pero se vio arrastrada por Hades, que le murmuraba que tenían trabajo que realizar en los hogares.

Eran las dos de la mañana; Zenien seguía frente a la computadora. Ya eran varios meses en los que reinició sus estudios en contabilidad y administración. Pasaba la mañana en la compañía, la tarde tomando cursos presenciales o en línea, para luego hacer tareas hasta la madrugada.

Johaniel suspiró con frustración. Él no podía decir mucho, ya que el ponerse al día con todo el imperio que el viejo había puesto en su falda era bastante. Solo se alegró de haber terminado con su maestría un par de meses antes que Zenien regresara. Siempre había estado adelantando cursos y había tomado una cantidad de créditos indecente. Todo le parecía aburrido y había estado desesperado por olvidar lo que sucedía al otro lado del país con Zenien, así que la mejor manera de olvidar era mantener se ocupado.

—Zenien, tienes que cuidarte. Es hora de dormir.

Lo vio asentir y gruñó en cuanto se puso de pie, estirando los músculos de la espalda y brazos. Tanto el dragón como Johaniel estaban de acuerdo en que debían descansar.

—Vamos a la cama. Mañana pedí el día para hablar con la doctora y ver el video del sonograma. Hay varios asuntos que están pendientes para trabajar antes que él llegue. Además, tengo que terminar con la presentación que tengo que ofrecer en la tarde…

—Basta… es hora de ir a dormir. Cuando despiertes, trabajas esos asuntos—. murmuró Johaniel, algo incómodo.

—Sí… lo sé… en la tarde estaré en la universidad, es un trabajo grupal, pero espero salir temprano. ¿Quieres ir conmigo a comprar las cosas de la habitación del bebé?

—Yo…

—Podemos tener una cita como jóvenes universitarios… te lo puedes imaginar… el pasear por los pasillos y buscar lugares solitarios… todo lo que puede suceder—. Johaniel lo miró incrédulo. Al verlo con los ojos entrecerrados, supo que estaba diciendo incoherencias en un estado de ensoñación. Su querido Zenien no entendía el nido de víboras que era una universidad para un ser como él. Suspiró, riéndose de su reacción interna tan contradictoria; él quería correr en dirección contraria, mientras su dragón se relamía con gusto ante las emociones que serían creadas con esa visita.

—¿A qué hora?

—¿Poco después… ahh… de las cinco y media? — Entre bostezos, la respuesta era hasta graciosa.

—Me envías la ubicación y yo trataré de llegar. Ahora vamos a dormir.

—¿Solo dormir?

—Solo dormir… si despertamos temprano, tendremos tiempo para… — Johaniel murmuró al final de la idea; por ahora no quería seguir pensando en algo que no se podía lograr. El rostro agotado de Zenien era suficiente como para que las ganas se extinguieran… o por lo menos eso se repetía mentalmente. Sonrió con ternura al sentir cómo besaba su cuello; intentó tentarlo entre bostezos.

— Zenien, no seas terco. Vamos a dormir. — Johaniel lo ayudó a meterse bajo las mantas, encontrando incómoda la idea de acostarse a su lado en su estado emocional. Todo lo tenía a punto de explotar: la ausencia de Zenien por sus responsabilidades, la falta de respuesta por parte de su abuelo ante ciertos problemas que se habían presentado con su legado. Por último, el bebé… la habilidad de Rita para sacarlo de quicio iba en aumento. Ya pronto ese bebé sería real, para el cual aún no estaba listo para recibirlo.

Johaniel comenzó a caminar por las habitaciones; frente a la guardería, pensó que una explosión había sucedido en esa habitación.

—Señor…

—Kristen, explica… qué sucedió aquí.

—El joven Zenien ha comenzado en varias ocasiones. Luego cambia de idea y todo el proceso se detiene, para luego volver a comenzar con ideas nuevas. La falta es el no tener las ideas claras y el no pedir ayuda.

—¿Sabe que cuenta con gente?

—Les habla, pero no les pide nada. — Johaniel asintió; por lo menos reconoció la presencia del equipo de guardaespaldas, Los Sombras, que estaban a su lado para ayudarle y protegerlo.

—Presiento que debo tomar el control del proyecto. El bebé tendría unos diez años cuando Zenien termine con la guardería. — Kristen asintió… los Sombras que lo acompañaban no eran pocos.

— ¿El grupo de la universidad?

—Bueno…

—¿No otra vez…?

—No, señor. El joven Zenien mantiene la distancia con todos. Ese es el problema. Con su tamaño y seriedad es intimidante para los jóvenes estudiantes que, en la mayoría, son un par de años menores que él. — Johaniel suspiró; no quería más drama, pero en la universidad no solo se preparaba para los negocios, sino que se esperaba que adquiriera los contactos básicos para el éxito en su futuro.

—Ok… avisa al abuelo que lo veré en tres días, de igual forma a mi padre que tendremos una cena familiar mañana… no, espera… será hoy en la noche. Mientras trabajan en los detalles de la guardería, quiero un lienzo en blanco para la una de la tarde. Mueve dos equipos de trabajo si es necesario, pueden ser los jóvenes sombra. Llevan rato fastidiando con el trabajo sencillo que les estamos dando. — Johaniel no estaba seguro de haber tomado la decisión correcta, pero todo tendría que salir bien; eso se repetía una y otra vez mientras regresaba a su habitación. Con cuidado de no despertar a Zenien, se acurrucó a su lado, lo cual fue suficiente para sentir una sensación de bienestar y paz. El ronroneo de su dragón provocó que Zenien se moviera inquieto hasta enterrar el rostro en su cuello, apretándole contra su cuerpo.

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