No Somos Hermanos (Libro 2: Sexta parte)
El grito de
Alberto, padre de ambos en todo el sentido de la palabra, exigiendo que se
separaran, entró en la mente enfurecida de Johaniel. Ver el rostro de éste fue
suficiente como para que ambos jóvenes tomaran lugares en lados opuestos de la
habitación. Se cruzaron de brazos y lanzaban miradas asesinas de un lado al
otro mientras murmuraban cosas que los presentes no entendían. La madre no
comprendía lo que sucedía con sus hijos, lloraba sentada abrazando a uno de los
gemelos que parecía más que confundido, enojado.
–¿Alguien me
puede decir qué está sucediendo entre ustedes dos? – Zenien había explicado la
oferta que recibió para unirse al equipo nacional de natación con voz ronca y
mirada confundida. Era importante ya que estaría entrenando para participar en
las próximas olimpiadas. Todo el infierno había comenzado con la mención de la
compañera que había sido seleccionada junto a él para formar parte de ese grupo
de jóvenes que podrían tener la mejor oportunidad de sus vidas. En muy pocos
minutos habían comenzado a gritar para terminar agarrándose por las camisas con
deseo de golpearse. –Se que nunca se han ido a los golpes… es extraño verles de
esta manera. ¿Necesitan espacio para irse a los golpes? – El gemido en la madre
de los jóvenes le decía que esa no era la respuesta, pero el padre no podía
evitar desear tener algo de control para evitar daños mayores. Ambos jóvenes
eran fuertes y peligrosos en momentos de coraje. Por otra parte, Johaniel tuvo
que tragar profundo ante la imagen de Zenien herido, imagen que provocó que el
demonio que lo acompañaba rugiera de furia en su interior arañando su interior
exigiendo algo que el joven que intentaba mantener el control no sabía que era.
Johaniel con el rostro pálido miró a Zenien, este parecía que también se negaba
a irse a los golpes.
Ambos murmuraron
un no… lo que provocó que su madre agradeciera y su padre tragara con fuerza.
Era como si les hubieran perdonado una perpetua. Ninguno de ellos sabía que
tanto daño sus hijos podían provocar en el cuerpo de otros, pero lo
sospechaban. No estaba al tanto del entrenamiento de Johaniel como heredero de
su abuelo, pero este no debía ser simple. Si hubieran dicho que sí, el padre
hubiese buscado la manera de que lo hicieran de una forma… ¿menos violenta? En
ese momento observó la mirada cargada de enojo en el gemelo que parecía
entender que sus hermanos eran los culpables del llanto de su madre, estaba
seguro de que tendría que estudiar cómo ayudar a los gemelos a ser un poco más
pacíficos antes de que llegaran a la adolescencia. Escuchó como los otros dos
se disculparon uno con el otro, pero no se miraban.
–¿Quién es la
chica? – Las palabras de la a madre provocó que ambos dieran un salto, hubo una
mirada retante en silencio entre ambos, pero guardaron silencio no queriendo
explicar la situación. Los padres llegaron a la conclusión lógica, ambos
estaban enamorados de la misma joven. Por otra parte, Zenien estaba pensando
con horror y maldiciendo su mala memoria, lo que le había hecho olvidarse de la
joven con la que se besó un año y medio atrás. Ahora cerca de la graduación lo
menos que deseaba era recordar la razón para que su relación con su hermano se
fuera a la mierda. El olvido había sido lógico, no tenía otra opción ante las
noches cargadas de tortura pasional donde las imágenes lujuriosas en las que
devoraba al bloque de hielo en que se había convertido su hermano lo
enloquecía. Esa precisamente había sido la razón por la que había aceptado la
oferta de estudiar en otro estado.
No entendía la
reacción de Johaniel, pero tal vez por eso se había alejado furioso la vez
anterior. ¿Habría besado a la chica que le gustaba a su hermano sin saberlo? La
idea lo enfureció tanto que los deseos violentos le asustaban, era como si un
fuego naciera en su interior provocando que viera todo en rojo. Observó en
silencio a su hermano, entendiendo la razón por la que había desaparecido al
verlo con ella. Él hubiera hecho lo mismo.
Johaniel por otro
lado quería salir y arrancar la cabeza de la idiota que estaba robándole a
Zenien. ¿Lo malo? Que esa fuerza tormentosa que había estado satisfecha y
ronroneando, hasta unos momentos anteriores, había levantado las garras
afiladas para secundar las acciones violentas que eran puramente los deseos de
un Johaniel obsesionado.
–Mis amores no
vale la pena dañar la relación familiar por una chica. Son hermanos y eso es lo
importante. Mi recomendación es que ambos mantengan la distancia con la joven.
¿No tienes otras opciones más cercanas Zenien?– La madre había colocado clavos
en la tapa de ese ataúd pasional sin saberlo. Ambos tenían que mantener una
relación familiar, que no habían pedido y que ahora era lo único que los unía.
La afirmación de esa mujer que con gran esfuerzo, cuidados, amor y paciencia se
había convertido en el centro de esa familia, era un decreto que no debía ser
violentado. Ambos jóvenes observaron al otro en intervalos con los ojos
cargados de horror y dolor. Johaniel suspiró aceptando perder esa batalla,
poniendo cadenas al ser que lo acompañaba que deseaba ver un baño de sangre en
toda la ciudad.
–Entendido ma…
éxito Zenien. – con esas palabras y un murmullo dejó entender la palabra
“abuelo” Johaniel salió de la casa. Zenien bajó la mirada escondiendo las
lágrimas que deseaban escapar ante la fría despedida. ¿Es que esperaba algo
diferente?
********
El paso del
tiempo había dejado su huella en todos. Johaniel había llenado su cuerpo de
músculos, la mirada fría ahora congelaba a cualquiera que se atreviera a
meterse en su camino. Las horas de entrenamiento físico, los estudios
universitarios y el trabajo controlando el imperio que habían construido las
generaciones pasadas no eran suficiente para ahorrar el dolor que se había
posado en su vida.
–Mi niño; ¿Qué es
lo que quieres?
–Yo…– el abuelo
entendía. Había enviado a Zenien lejos cuándo supo que las cosas estaban por
salirse de control. Él no hubiera tenido problemas si ambos eran conscientes de
su toma de decisiones, pero no aceptaría que la obsesión de ese ser quitara el
libre albedrío de sus nietos. Observó cómo ese joven que llegó a la vida de su
nieto para llenarla de luz, sin saberlo, era la conciencia que controlaba las
acciones de Johaniel. A su vez era la obsesión que provocaba las emociones más
salvajes que los miembros de su raza podían sentir, seres sin conciencia que
existían para mantener el balance en el mundo. Testigos eternos de la oscuridad
humana, lo cual les permitía vivir siglos entre los humanos sin ser
descubiertos… siempre entre las sombras de la sociedad. Su nieto era el último
de los descendientes de esa línea de dragones sombras, siendo el más poderoso
que había conocido. Dudaba de haber sido capaz de competir con Johaniel con el
poder que había tenido durante sus años de juventud. Ahora solo era un saco de
viejos huesos dónde él y su compañero estaban cansados, esperando que lo
prometido se cumpliera.
Verle crecer
siempre había sido un regalo que lo llenaba de orgullo y terror de igual manera.
El ser testigo de horas interminables de entrenamiento como un poseído en la
sala infernal le rompía el corazón. Más aún el no poder hacer nada para cambiar
lo que sucedía dejaba una sensación de derrota, sensación que le era casi
desconocida. En muy pocas veces en su vida se había sentido tan… inútil.
La última vez que
sucedió fue ante la hija que crio con amor ciego, negándose a ver las fallas en
esa alma que nunca entendió su naturaleza. Esto había provocado que en un
momento de debilidad estuviera a punto de perder a su nieto. Ese niño que a
temprana edad reconoció la maldad y locura que vivía en la mente humana. El ser
que le había acompañado por siglos miraba a ese joven con algo parecido a la
ternura, lo vio convertirse en un hombre fuerte que dominaba las sombras que le
rodeaban con una simple mirada.
Kristen llegó a
la habitación e intentó entregar un sobre al joven que parecía querer romperse
en mil pedazos con movimientos fluidos y letales entre dos espadas curvas.
–¿Está vivo?–
Kristen asintió, Johaniel no tomó el sobre y volvió a entrenar con las espadas,
como si la vida dependiera de ello. Nadie podía acercarse y el qué lo hiciera
perdería más de una libra en sangre o carne.
–Señor…– Kristen
asintió para hacerle ver que había entendido, pero su mirada brillaba con algo
peligroso, mirada que fue ignorada por el joven que seguía escondiendo la rabia
en los movimientos.
–Kristen te veo
preocupado…– el joven sombra asintió, pero no elaboró. Eso sólo significaba que
era asunto privado del joven amo y Zenien. Kristen, ese jovencito ya no servía
a la familia, su juramento era sólo para Johaniel. No había forma de sacarle
más información.
Tres años desde
una despedida incómoda por decirlo de forma amable. Johaniel había mudado todo
lo que consideraba importante a la casona, aunque ya pasaba la mayoría de las
noches en su penthouse, la excusa había sido prepararse para heredar el imperio
de la familia al graduarse. Lo irónico era que el joven había estado corriendo
con todos los detalles de administración desde que cumplió los quince años. El
abuelo no pudo dejar de sonreír al pensar en cómo había dejado todo en las
manos del joven que lo miró sin poder entender la locura que había dominado al
viejo. “Todo es tuyo… ya no tengo ganas
de soportar a los idiotas que me rodean. Disfrútalo…”.
Todos sabían que
habían sido décadas esperando para retirarse, pero al no tener un heredero
había sido obligado a mantener el control del bajo mundo. Su cuerpo y mente ya
no estaban interesadas en elementos terrenales, quedaba poco tiempo, esto era
importante… solo aquellos que tenían un lugar en sus emociones merecían
espacio.
Con un suspiro
profundo ante el recuerdo, le envió un mensaje de texto al sombra que tenía
siguiendo a Zenien para saber qué sucedía con éste en California. Recibió la
foto del joven que ya había ganado varías medallas de oro y plata en
competencias nacionales, al lado de una pelirroja en sus brazos. No parecía
feliz, pero la información que recibió después le hizo saber que el mundo
explotaría pronto. Al fin habría cambios en su nieto. Murmuró una maldición y
deseo que su nieto nunca viera la foto, pero sabía que vería peores. Nunca dudó
de la necesidad de Johaniel de mantenerse ignorante de todo lo que sucedía en
la vida de su obsesión. En algunas ocasiones para mantener la cordura era mejor
no conocer los detalles y permanecer en la ignorancia. Solo deseaba que ese
deseo de auto protegerse no le mordiera en el trasero, el gruñido de su dragón
le dejó claro que no había tal suerte en el futuro de su nieto.
–¿Cuándo vas a
visitar a tu padre?
–A final de mes.
En estos momentos estoy ocupando observando cómo se mueven los diferentes
puntos de drogas, junto a los cambios que se hicieron en los carteles. Es
extraño cómo se repiten las historias con diferentes nombres y rostros. –
Johaniel estaba haciendo referencia al movimiento del bajo mundo donde todos
querían ser el cuco al que todos le temen, sin saber que no llegan a ser ni
siquiera peones.
–¿Cómo ha ido el asunto de las escuelas?– el
gruñido en el joven fue suficiente como para hacerle saber que ese era un punto
sensible. Esa pesadilla de suicidios, confesiones, masacres por venganza había
iniciado con la necesidad de encontrar una escuela para los gemelos que ya
cumplían edad para iniciar estudios formales. En el proceso de escoger
escuelas, Johaniel había visitado diferentes instituciones acompañando a su
madre. Su sensibilidad humana lo había puesto en sobre aviso ante la basura que
se escondía en esas escuelas de alta calidad, y con millones de dólares en
presupuesto. En ese momento se inició el proyecto de purga de esos seres bajo
el cuidado de Kristen y varios seres de la noche en los que confiaba.
Al final, los
gemelos fueron llevados a una escuelita donde no se pagaba mucho, la maestra
jefa era una abuelita con ojo de águila para escoger a los miembros de su
facultad. Los gemelos eran protegidos por varios sombras. La madre había
quedado sorprendida por los arrebatos sin explicación de Johaniel mientras era
sacada a rastras de las instituciones clasificadas como de alta calidad, pero
había aprendido a respetar la intuición de su hijo.
Ahora estaba
satisfecha y era parte activa en el proyecto de vida de la familia… convertir a
los gemelos en mejores versiones de sí mismos según deseaban crecer. Por
supuesto, sin que la mujer lo supiera, cuando visitaban la casona con su
hermano entrenaban en artes marciales, manejo de cuchillos y uso de objetos
normales para protegerse. No era más que un juego para los chiquillos, pero el
abuelo los miraba con orgullo al notar como aprendían de forma rápida y cada
uno de ellos ponían en duda a los adultos que se les acercaba. A su vez esas
salidas educativas con su hermano les permitían tener tiempo a los padres para
comportarse como adolescentes.
Cualquier excusa
era buena para preparar a esos mocosos para lo feo de la vida. La meta siempre
era sobrevivir. Mientras todas las escuelas elementales de la comunidad que
habían sido visitadas estaban bajo monitoreo constante, evitando que otros
niños fueran víctimas de esos que no respetaban lo único que debería ser
sagrado: LOS NIÑOS…
–Viejo vas a
entrenar… ¿o no?– el abuelo miró a su nieto que deseaba pelea, no por primera
vez deseó tener la energía juvenil que rebosaba de este, por lo menos lo
suficiente como para romperle el trasero. Ya el cuerpo y ese ser que le
acompañaba estaban agotados, no estaban para juegos con la nueva generación,
pero sabía que nadie más podría sobrevivir a la energía que se desbordaba por
las emociones que aún no podía controlar en su totalidad. Asintió con un
suspiro y dejó que su forma cambiara, dejando que su compañero de vida tomara
el control, lo que provocó que sus rasgos físicos fueran una mezcla humanoide
del dragón que le permitía competir con el mocoso de su nieto, tal vez no como
iguales, pero si el ponerlo en apuros en más de una ocasión.
*********
–¿Todo bien Mom?
– Johaniel conocía a la mujer… los ojos enrojecidos no auguraban nada bueno.
Solo esperaba que todos estuvieran vivos.
–Todo va a estar
bien Johaniel… no te preocupes. – La vio moverse por la cocina, lo que era una
señal sin palabra para salir corriendo de la habitación porque la mujer no
quería decir nada más del asunto.
–Pa… suéltalo tú…
sabes que cuando Mom está en ese plan no hay forma de hablar con ella. –
Alberto suspiro y miró con tristeza en dirección a la cocina.
–Zenien decidió
dejar el entrenamiento para las olimpiadas, regresa a terminar los estudios en
contabilidad y administración. – Johaniel asintió esperando que su padre
mencionara la cherry encima de esa batida llena de problemas. –Va a ser padre… –
El silencio en la habitación provocó que el padre dejara de mirar la puerta de
la cocina y la furia en el rostro de su hijo le hizo preguntar qué había
sucedido. –¡Johaniel…! ¿No es la chica con la que se fue al entrenamiento?
–Pa… no es eso.
¿El bebé es de él? ¿está seguro?
–¿Qué? – El susto
del padre le dijo que esa posibilidad no había llegado a su mente.
–Dad… ambos
fuimos educados en protegernos y no puedo creer que el tipo fuera tan idiota. –Aunque
esa afirmación aseguraba que lo consideraba algo idiota.
–Yo bueno… no sé
qué decir. – Johaniel asintió aun teniendo dificultad en controlar la energía y
rabia a punto de ebullición que se encontraba en su cuerpo. – ¿Cuándo regresa?
–La próxima
semana. No quiere… ¿Molestar? Por eso se va a quedar en un hotel. – en ese
instante la madre se hizo sentir golpeando ollas y puertas con fuerza en la
cocina, se notaba que había escuchado la afirmación.
–¿Jiji? –Gaby el
más inquieto de los gemelos lo miraba desde la puerta del estudio de su padre.
–No hay lío…
¿todo bien por tu lado? ¿Dónde está el otro mocoso?
–Jey… Ian, Jiji
te llamó mocoso.
–Dijo otro
mocoso, así que para Johaniel somos dos mocosos. – No era el discurso de un
chico de cinco años, pero ambos chiquillos eran brillantes. Había algo en la
mirada de ambos que avisaba problemas. –¿Cuándo vamos a visitar al abuelo?
–La semana que
viene. Tal vez podemos hacer que se queden con el abuelo por varios días a lo
que arreglamos los problemas. –Johaniel decidido a que esos dos no fueran
testigos de la guerra que iniciaba con la llegada de Zenien acompañado. Los vio
compartir una mirada en la que avisaban que entendían la intención. Gaby dio
saltos de alegría, mientras que Ian miró pensativo el rostro agradecido de su
padre. El chiquillo era sensible al estado emocional de los miembros de la
familia.
–¿Todo estará
bien? – Ian preguntó. Johaniel lo miró en silencio con una sonrisa en los
labios que lo dijo todo… “si no lo estaba, pronto él lo arreglaría”. Con esa
sonrisa Ian pareció suspirar para luego asentir.
–Pa… cuidado con
lo que hablan cerca de los gemelos. No confíen en la inocencia externa. –Johaniel
había visto algo en ambos, pero más en Ian que le hacía dudar del alma que
habitaba ese pequeño cuerpo.
–Es mejor que no
sean testigos de tanto drama. – Murmuró el padre ante las posibilidades de que
ese bebé fuera o no de Zenien. Johaniel se despidió de su padre después de esta
afirmación, su despedida fue fría, pero se dejó abrazar por la mujer que se había
ganado su respeto y ser considerada como familia por el demonio que compartía
su cuerpo.
–¿Crees que es de
él?
–No lo sé… como
dije, no puede ser tan idiota. Pero antes de que llegue a visitarnos voy a
saber hasta el color de la ropa interior de ambos. –Ella lo volvió a abrazar
con fuerzas y murmuró un gracias con voz ronca. Johaniel salió por la puerta y
envió un texto. Kristen ya no estaba a su lado todo el tiempo, pero la
respuesta fue clara. “Toda información está en su escritorio” el mensaje le dio
una sensación prohibitiva, era mejor estar solo. El sombra lo conocía bien. Él
llegó en tiempo récord a su penthouse y al entrar a su oficina vio que una caja
con sobres lo esperaba y había uno fuera, que reconocía como el sobre que
Kristen le había tratado de entregar una semana atrás. Sintió como el corazón
le latía con fuerza, miró la barra de licores con envidia, el alcohol no hacía
nada en su cuerpo. Miró los sobres, cada cinco días recibía un reporte escrito
de lo que sucedía en la vida de su “hermanastro”. Pero en los últimos ocho
meses eran pocos los reportes que había abierto. Cansado de ver fotos del idiota
en la cama con mujeres, más aún en situaciones sociales comprometidas con
diferentes parejas en bares. Ahora le tocaba pasearse por toda esa basura de
una vez. En definitiva, iba a ser una noche infernal.
–Kristen… todos
fuera…
–Sí señor. – Con
esa orden comenzó la noche más larga en la vida de Johaniel que deseaba matar
al pendejo de su hermanastro de diferentes formas y a la pelirroja idiota que
se creía una mata hari de nueva generación … inició así, la noche más larga de
su vida.

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