No somos hermanos (Libro 3: Primera Parte)

Nota de la autora: Aviso desde el corazón desde este punto he modificado la forma de corregir el documento, asi que puede encontrar un poco de diferencia de las partes anteriores. Por ahora estoy trabajando en la publicación en línea y la versión fisica. Hoy al ver la cantidad de páginas entiendo que estare publicando en dos libros fisicos. 

Que lo disfruten.



 Primera Parte

Reencuentro

Eran las cinco de la tarde, el vuelo se había atrasado un par de horas y Johaniel no se movía de su asiento, era como un cazador al acecho. Nadie se atrevía a acercarse, incluso miembros del equipo de la sala VIP mantenían silencio y distancia con ese ser que parecía capaz de arrancar la cabeza de todos. Mientras Johaniel observaba con morbosa atención las emociones variadas que podía recopilar a su alrededor, volvía a mirar con indiferencia el reloj. Ya había hecho arreglos variados para evitar otras complicaciones. Los gemelos se quedarían con el abuelo en la vieja casona. Sus padres esperaban para ese reencuentro en el hotel la bomba sería a la hora de cenar.

Él mientras esperaba en esa maldita sala VIP llena de gente idiotizada por lo que creían ver o saber, en esa situación había pasado un par de horas incómodas, aun cuando el avión llegó, los pasajeros se tardaron en salir. Miró de reojo el lugar, el ser atendido como rey no era el problema; la energía de los que trabajan en ese lugar lo era, en ese momento en que se sentía dentro de una tormenta, se le hacía difícil manejar el morbo, los deseos y lujuria de los que no le conocían. Su imagen estaba ante ellos provocando ideas extrañas, solo sabían que era importante, más aún, había murmullos que describen el cómo podías desaparecer si te metías con ese cliente exclusivo. Johaniel apretó los puños y salió de la sofocante habitación en cuanto se escuchó el aviso de que los pasajeros estaban saliendo del Gate 26.

No pasó mucho tiempo antes que Johaniel se cruzara de brazos, congelando su rostro para no dejar escapar emoción alguna, mientras con los ojos entrecerrados miraba a la pelirroja, con su cuerpo bomba y un pequeño bulto en el vientre, caminar al lado de Zenien. Las maletas y paquetes los llevaba Zenien sin mirar a lado alguno. Johaniel había salido a buscarlo de forma inmediata, pero su “hermanastro” se había tardado una vida en salir en dirección al equipaje. Al verlo como mula de carga de esa idiota, se alegró un poco. Pero el agotamiento en sus ojos, le rompían el alma. Todo era contradictorio, quería reventarlo a golpes, pero al mismo tiempo deseaba resguardarle de todo lo que estaba por suceder. Con un gesto de cabeza, varios hombres rodearon a la pareja que mostró en el rostro miedo y confusión.

—Tranquilo, Zenien, era hora de que llegaras—. Johaniel notó la mirada de alivio en su hermanastro, más aún no le pasó desapercibido el brillo de dolor en su mirada. —Bienvenidos… hola, señorita Capetillo, yo soy el hermano de este gigante que le acompaña.

—Oh.. no se parecen. —Zenien levantó la mirada al techo al notar la sonrisa coqueta de la señorita Rita Capetillo. No había duda, había cosas que nunca cambiaban.

—Por razones obvias no compartimos genes. Pero nuestros padres hicieron el trabajo de tratarnos como una familia verdadera—. Johaniel asintió a la mujer escondiendo el asco que sentía ante el deseo que emanaba de ella, aun cuando llevaba supuestamente el hijo de su “hermano” en el vientre.

Durante los últimos años había hecho las paces con las mujeres gracias a su madre. Pero esta “mujer” abría la puerta al pasado, donde se guardaban algunas heridas que eran mejor no tocar. Suspiró profundamente y se sorprendió ante el eco que escuchó en Zenien, la mujer rió de forma nerviosa. Parecía haber notado que, si eran parecidos en algunos detalles, lo que ella no entendía era que ninguno de los dos hermanos tenía paciencia para los idiotas y ella entraba en ese renglón.

—Johaniel el vuelo fue difícil. Me gustaría llegar al hotel—.  Murmuró Zenien incómodo, sin notar la sorpresa en la mujer, ni la especulación en el brillo de su mirada. Pero ninguno sabía la verdad de lo que iba a suceder. Johaniel asintió entrecerrando los ojos y sintió como el calor se posaba en la parte baja de su vientre. Algo explotaría pronto y era mejor estar en privado para cuándo sucediera. Los sombras que los rodeaban habían tomado nota y Johaniel había controlado el gruñido de su demonio interno.

—No hay lío bro… Tengo todo listo. Tu habitación fue upgraded y hoy cenaremos en mi penthouse—. La cena era traída del restaurante del que él era dueño. Así que era de calidad. El brillo de codicia en los ojos de la mujer casi provoca que explotara de risa. —Nuestros padres nos esperan para cenar y hablar.

—Parece que es serio… —Zenien murmuró incómodo.

—Como un ataque cardiaco—. con burla en la voz dijo Johaniel que comenzó a moverse con paso rápido. Este tuvo que apretar los dientes por las quejas constantes de la mujer, la podía escuchar jadear mientras intentaba caminar tan rápido como los hermanos, a los que parecía no importarle las dificultades a las que se enfrentaba. Ese ser que miraba la situación desde las sombras en el alma de Johaniel aún no tomaba decisiones, pero estaba satisfecho ante la apatía que mostraba Zenien por la mujer. Aun cuando no era un ronroneo, estaba haciendo un sonido que Johaniel no escuchaba desde que su hermano se había marchado. Tenía un sentido extraño de haber regresado a su hogar, entendía que no se había alejado, pero si tenía que admitir que esperaba… por él.

Al salir del aeropuerto se dirigió con paso rápido a la limusina que los esperaba, no era el auto de todo momento, pero cumplía con el papel que se estaba interpretando. Los hombres con las maletas acomodaron las mismas en la “hummer” negra estacionada a cuatro pies de distancia. Con una sonrisa cómplice a la mujer Johaniel le abrió la puerta y ella no evitó tocar la mano de éste. Al verlo temblar pensó que la deseaba, sin saber que el estremecimiento había sido provocado por el deseo de arrancarle la cabeza. La escuchó murmurar que se había equivocado de hermano. A lo que Johaniel levantó la ceja en dirección a Zenien que solo pudo negar con la cabeza. La chica se paseó por los diferentes asientos, pero algo la mantenía lejos del asiento que compartían los hermanos. Los observó con interés, no hablaban entre ellos, el silencio estaba cargado de energía que parecía querer estallar.

No se sintió ofendida al no recibir contestación al chachareo incesante que no podía dejar de murmurar por culpa de los nervios. Al llegar al hotel fueron recibidos por un grupo de personas, entre ellos, el administrador general, que les informó que sus padres estaban esperando en el “penthouse” y que la habitación estaba lista para cada uno de sus invitados. Las tarjetas fueron entregadas, Zenien se sorprendió al ver que eran dos habitaciones diferentes, con números no cerca una de la otra y que mientras ella recibía el paquete regular que contaba con dos tarjetas, Zenien al recibir la propia noto que sólo recibía una.

—Me quedó con una para ir a romperte la madre luego que nuestros padres se marchen. – Zenien asintió con dudas ante el susurro ronco en la voz de Johaniel, pero no dijo nada referente a lo que estaba por suceder.

—Kenier, coordina para que los lleven al “penthouse” dentro de cuarenta y cinco minutos, avísale a mi madre que estaré con ella en menos de una hora. Tengo que revisar un problema en el club. — Kenier afirmó en silencio, liberó una sonrisa al notar la mirada calculadora de la mujer. Se le había otorgado la oportunidad de proteger ese lugar y coordinar con otros miembros del equipo de seguridad, Los Sombras, para que todo saliera como el joven amo quería, el poder estar allí era un honor. El mencionado comenzó a moverse con los recién llegados. Por otra parte, la secretaria, una mujer hermosa, voluptuosa y con una sonrisa gatuna se colocó al lado de Johaniel y le mostraba el grupo de documentos que había que firmar. Johaniel cerró los ojos y respiró profundo, todo en ese lugar tenía propósito. No podía negar el placer que le provocaba la energía que surgía de los recién llegados ante las conclusiones que esa imagen les provocaba. Sí le quedo claro que ese edificio era una sorpresa para ambos, en un solo lugar se encontraba todo, incluso lo que no se veía… El club Prisma, nunca lo visitarían, pero algunos de los restaurantes, servicios y tiendas tenían un espacio exclusivo en ese lugar, que sería la prueba y la trampa. Como decía su abuelo, esa guarida de malhechores, sin duda había crecido con él.

Johaniel subió al “penthouse” por el ascensor privado y una carcajada escapó de su boca junto a un gruñido que sobresaltó a su secretaria. Su demonio ronroneó disfrutando de la energía que había consumido, deseo, envidia, celos e incluso odio. Todo era un delicioso cóctel que alimentaba su poder. Con esa sensación de euforia, se paseó por las diferentes habitaciones del club Prisma, en las que sucedía lo innombrable, apretando los puños en un intento de no tocar nada a su paso. Era consciente de la violencia presente en cada uno de sus movimientos, violencia a la que algunos de los comensales no podrían sobrevivir. Su secretaria controlaba sus emociones de forma calculadora, como que era parte del grupo sombra, pero lo que provocaba en otros el joven amo, era asunto para reírse. Firmó los documentos y se despidió de ella para entrar al “penthouse” donde encontró a sus padres un poco incómodos. Era la primera vez que lo visitaban en ese lugar.

—Ya sé… es demasiado pretencioso. Este lugar es para hacer negocios, madre. Mi hogar está con ustedes o con el abuelo—. Johaniel les afirmó. La opulencia del lugar los hacía dudar de si conocían realmente a su hijo, todo eso estaba lejos del estilo de vida que compartían, pero era necesario para la actuación de esa noche.

Johaniel puso el collar de diamantes en su madre y observó la incomodidad en la mujer, lamentándolo. Si sus sospechas eran incorrectas, nada sucedería, pero si el tiempo le daba la razón, esa podría ser la trampa que le podría ayudar a controlar el corazón de una mujer avariciosa. 


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