No somos hermanos (Libro 3 Cuarta parte)

 

Cuarta parte 

Despertar

Johaniel sentía el cuerpo deliciosamente maltratado, lo cual dejaba claro que había sido una noche de excesos. Sabía que al final su hambre se había rendido al sueño, no por falta de ganas, sino por Zenien, que se había quedado dormido y parecía que aún no cambiaba de posición. Ese lugar privado seguía estirado y lleno, ambos unidos por la intimidad de los movimientos lentos y suaves que avisaban que el deseo seguía en la sangre de ambos. Intentó separarse con cuidado sin despertar al hombre que seguía endurecido buscando placer dentro de él, aún con los ojos cerrados. Johaniel por primera vez agradeció no ser completamente humano. Su cuerpo hubiese sido incapaz de mantener ese ritmo de ser de otra manera. Sintió cómo el demonio ronroneaba de placer e imágenes de lo que sucedió la noche anterior se pasearon por su mente, provocando que mordiera su labio en un intento de no gruñir en voz alta.

—Johaniel, no te muevas. Quiero más… —El silencio en la habitación fue roto por la voz ronca en su oído. El mencionado miró de reojo a su pareja que parecía aún estar dentro de ese sueño efervescente que los había dominado durante horas. Se suponía que la píldora ya había dejado de funcionar. En el pasado uno de los efectos de la droga había sido fiebre, pero en esta versión dejaba al usuario con el cuerpo deliciosamente soñoliento. Trató de liberarse de los brazos que lo tenían atrapado para dejarlo despertar solo, pero las fuerzas no fueron suficientes. Lo sintió morderle el cuello y gruñir un “no te vas” que el demonio dentro de su pecho contestó con otro sonido que provocó que ambos cuerpos vibraran, Johaniel sintió en ese instante cómo lo volvían a penetrar con fuerza.

Él quería escapar, tenía que hacerlo, pero los gruñidos del hombre y demonio le hicieron rendirse al placer que su cuerpo estaba sintiendo. Luego buscaría respuestas, ahora solo quería seguir en ese sueño. Sabía que tenía que pensar en algo sobre la situación, intentó pensar en lo que su instinto intentaba decirle, pero todo fue olvidado cuando una mano envolvió con fuerza su miembro, provocando que la fuerza entre penetración y masturbación lo obligaran a olvidar todo menos el placer.



Kristen miró la puerta cerrada y negó ante las dudas de otros miembros del equipo de seguridad, los Sombras, si alguien quería morir podía intentar interrumpir al amo. Él no sería el idiota. Todo estaba corriendo como debía, aun cuando la sorpresa de muchos, tenía el terror, agarrándolos de los pelos. La mujer tendría una cita con la ginecóloga a la una de la tarde y Zenien no tenía que acompañarla. Ella tendría guardaespaldas preparados para cada situación. Lo que le hacía dudar era el único vaso que quedaba en la mesa. En el fondo se podía ver algo que no debería estar allí y que los tenía a todos en dudas sobre cómo iba a reaccionar el amo al verlo. Bueno, el joven amo tendría que ver qué hacía con ese problema. Los gemidos comenzaron de nuevo en la habitación, lo que indicaba que debían salir corriendo si no querían perder la cabeza al ser testigos de esos momentos privados entre los hombres.

*****

En otra habitación, Rita miraba el collar recordando la noche que había pasado con Zenien. Este último no creía que el bebé fuera de él, pero solo haber mencionado un aborto fue suficiente como para que diera vueltas a la discusión y la llevara a conocer a la familia. Ahora entendía algunas cosas de ese grupo familiar, el poder realmente lo tenía Johaniel. Lo importante era que este tenía el dinero y el poder que ella deseaba para sí. Se volvió a mirar en el espejo con el collar en su cuello, se sentía poderosa, hermosa… en realidad, perfecta para ser la señora de ese hombre que detenía a todos al caminar. Zenien parecía un niño a su lado, le encantaría poder enviar una foto de ella junto a Johaniel a sus amigas del grupo, pero algo le decía que debía moverse con cuidado.

La investigación sobre el collar no fue larga, el valor y procedencia eran para sorprenderse, incluso sabía que el collar debía estar en el museo en Washington DC al que fue donado. Así que, si desaparecía, la familia no podría exigirlo de forma pública. El plan de tenerlo, todo estaba tomando forma, tal vez no tendría que dejar que la billetera ambulante se quedara con el bebé. Algo que Rita tenía, a diferencia de sus amigas, era ganas de ser la mejor en todo, le encantaría ver la cara de sus compañeras de club al verla allí rodeada de lujos y con ese collar en el cuello. Si tenía que mentir, morder o incluso destruir, lo haría para quedarse con ese collar en su poder. Escuchó un sonido en la puerta, se quitó el collar con tristeza y lo guardó en su cartera. Tal vez en la puerta estaba Zenien que había llegado para ir a visitar a sus padres. Era un buen momento para encontrar información de Johaniel, del cual no aparecía nada en internet, solo que era dueño de algunos negocios, entre ellos ese hotel y el restaurante que había ganado premios por su exquisitez culinaria. Al salir se sorprendió al encontrar un hombre y una mujer completamente desconocidos para ella esperándola.

—¿Qué diablos?

—Buenos días, señorita Capetillo —Ella asintió en silencio esperando más información. Ninguno dijo más, lo que la irritó sin medida.

—¿Quiénes son?

—Guardaespaldas.

—¿Para mí? —eso complicaba las cosas, pensó Rita.

—Sí y no… somos los guardias del collar y el bebé hasta el parto —Rita controló la maldición que estaba dando vuelta en su mente.

—Oh… está bien. Solo quiero ver si Zenien quiere ir a desayunar.

—El señor López salió temprano, se estará reuniendo con el joven amo para determinar algunos asuntos familiares —Rita se sintió asentir sin poder evitarlo. Tendría que hablar con él en la tarde—. ¿Desea saber el itinerario del día?

—Sí, claro —Sonrió sin poder evitarlo.

—Hoy su desayuno será en el restaurante francés del hotel, la invitación es del joven amo. Luego estará visitando el SPA y algunas de las tiendas que pertenecen al hotel. En la tarde visitará a la doctora Gutiérrez para revisar el estado del bebé. Para la cena se le esperará en el “pent-house” a las cinco de la tarde.

—¿Quién me va a acompañar al médico?

—Solo nosotros. Mientras el collar esté en su poder, debemos confirmar el mismo cada vez que esté fuera de supervisión. Por otro lado, el joven López y la familia estarán preparando los detalles para su traslado a la mansión del joven amo —. En definitiva, dos de cal y tres de arena. “Poco a poco Rita, tú puedes.” Sonrió con seguridad y mostró el collar en su cartera. El guardaespaldas masculino lo tocó con una máquina que liberó una luz verde y asintió sin decir una palabra. Rita se dio cuenta de que el collar contaba con su forma de comprobación para evitar que fuese robado. Eso complicaba las cosas, pero entre más información tuviera podría encontrar la respuesta al problema. Con calma y las ideas a millón siguió a los guardaespaldas para cumplir con la agenda del día.

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