No Somos Hermanos (Libro 4 Tercera Parte)
Tercera parte
Ante todos
Johaniel llamó a
varios amigos de Zenien temprano en la mañana para que pudieran hacer los
arreglos. Eran los locos que nunca habían dejado de lado a Zenien en momentos
difíciles. Ninguno sabía de la relación entre ellos, pero era solo cuestión de
tiempo. Ninguno lo iba a esconder, así que era mejor invitarlos a participar de
esa celebración. Dejó los detalles más extraños a su familia; él tenía otras
cosas por hacer y el tiempo estaba en su contra.
Ahora tenía que
llegar a la universidad según lo acordado con Zenien. Sabía que había cuidado
con esmero su arreglo personal; su vestimenta blanca había provocado que las
personas se detuvieran a mirarlo. Las gafas oscuras esconden su mirada, pero la
sonrisa era suficiente para provocar que lo siguieran con la mirada,
preguntando a su alrededor quién era. Era el día para el anuncio más importante
de su vida: “Zenien nos pertenece… no lo toquen.” Varias personas comenzaron a
seguirlo con la cámara en la mano.
Al llegar al
edificio de empresariales, supo que ese lugar necesitaba cambios.
—Kristen… investiga
quién está a cargo de esta sección y qué sucede con los fondos. Es el alma
mater de mi padre y de Zenien, me niego a que esté en estas condiciones—.
Johaniel no bajó el volumen y los que estaban a su alrededor entendieron que
esa persona no era solo una visita más, claramente no un don nadie cualquiera.
Algunos murmuraban el nombre de Zenien, preguntando a quién se refería.
Johaniel detuvo a una mujer que parecía mayor; comparado a los jóvenes que le
rodeaban, esta tenía la presencia de una profesora.
— Disculpa; ¿dónde
está la sala 723E? — La mujer parecía asistente de profesor o una nueva
profesora; por lo menos la forma en la que le miró tenía ese aire.
—¿Es estudiante en
este recinto?
—No lo soy, mi
esposo está presentando en esa sala hoy. — La mujer pareció pensar que algo no
cuadraba, pero el gemido de algunos fanáticos del amor entre chicos provocó una
sonrisa en su dragón. Algunos incluso habían gritado con pasión. ¿Cómo lo
sabía? La energía era deliciosa.
—Se supone que al
no ser estudiante no debe visitar los…
—¡Profesora! — El
decano había llegado corriendo, con un cuerpo deforme por el sobrepeso, las
mejillas enrojecidas y sudando la vida en cada gota. — Buenas tardes, señor
Livianell, es un placer tener su visita.
—Saludos… es una
visita informal. Vine por invitación de mi esposo. ¿Mi secretario le informó de
la intención de hacer una donación para la infraestructura en nombre de mi
padre, que fue exalumno del programa empresarial?
—Toda ayuda será
bien recibida por el programa. El rector de la universidad ha sido contactado.
Está listo para reunirse con ustedes.
—Gracias por su
pronta acción… pero hoy no es posible. Estaremos celebrando el baby shower para
nuestro bebé. Pero lo dejo en buenas manos. Kristen se encarga de los detalles.
—Sí, señor… — La
profesora, que guardó silencio ante el grito, el decano carraspeó pensando en
quién era la posible pareja de ese hombre que tenía el poder de hacer correr a
los grandes de la universidad.
—Como guste, señor
Livianell.
—¿Dónde está la
sala? — Regresó la mirada a la mujer, pero la respuesta de ella fue
interrumpida por la mano del Decano, que iniciaba su caminar en dirección al
viejo edificio. Todos notaron cómo el recién llegado, vestido de blanco, se
movía como si fuera el dueño de la universidad, dejando tras él un mar de
murmullos, comentarios y preguntas.
—¿Quién es?
—Ni idea, pero por
dios: ¡Qué hombre!
—No fastidies,
¿viste cómo el sapo estuvo a punto de morir de un ataque cardíaco ante su
primer ejercicio en décadas?
—Ni para contarlo…
lo mejor es que lo tengo en video.
—Meme full… — Nadie
sabía que Johaniel estaba escuchando cada susurro como si estuvieran hablando a
su lado y que su sonrisa crecía al ver que las víboras seguían iguales, sin
importar lugar o año académico.
—Se va a quedar
aquí… yo quiero saber a quién va a buscar. Es hombre… ¿verdad? Mi corazón salta
ante la posibilidad.
—Yo no he visto
flor alguna en esos prados. — La forma bonita en que hablaban de aquellos con
gestos afeminados no dejaba de ser despectiva. Varios de ellos se sorprenderán.
Johaniel se carcajeó mientras se movía por los pasillos. Con el sonido de esa
risa decadente fue que Johaniel llegó a la sala donde estaba Zenien
presentando. Este observó cómo los compañeros de presentación mantenían la
distancia, como si estuvieran asustados de ese hombre enorme.
—El material parece
estar incompleto. —dijo el profesor, algo molesto.
—Lo sabemos, pido
disculpas. Como puede observar en las minutas entregadas como adjuntos, está la
tabla de responsabilidades y fechas de entregas del proyecto. Varias
situaciones se dieron y, ante la ausencia de apoyo del resto del equipo, los
tres que quedamos hemos resumido la información de la forma más completa en un
tema tan complejo. En un intento de ayudar a nuestros compañeros a entender un
poco este mundo complicado, pero sin explotar los recursos humanos que deben
cumplir con diversas responsabilidades.
—Señor López; ¿cree
que esa es una excusa para el mundo de los negocios?
—No es una excusa,
profesor, es la realidad en la que estamos viviendo. Hay estudiantes
responsables que no se deben ver afectados o maltratados por personas que no
respetan los compromisos que adquieren. Todos aceptamos una puntuación menor a
la que merecemos, pero deseamos dejar claro que en este grupo todos nos estamos
preparando para el mundo de los negocios; nuestras acciones provocan ganancias
o pérdidas. Creo que es un buen ejemplo respetar el trabajo realizado y buscar
maneras diferentes de evaluar estos trabajos en equipos que son una carga para
los responsables que intentan cumplir con todo lo solicitado, aun cuando hay
irresponsables entre sus grupos. — El silencio en la sala era de velorio; el
profesor era retado por la mirada seria de Zenien, algunos estudiantes que se
sentían mencionados en esas palabras se movían incómodos. Incluso los
compañeros que no cumplieron con su trabajo, a los que Zenien les pidió que no
se pararan ya que no tenían nada que presentar, parecían querer morirse.
El profesor miró a
su alrededor, entendiendo el ambiente creado en la sala, asintió dando la razón
al joven. No se podía excusar lo que no tenía razón de ser y que solo creaba
empresarios mediocres.
—Buen trabajo. —
Zenien levantó la vista de sus papeles; estaba esperando la reprimenda del
profesor, su rostro carente de sonrisa, frío, dejaba claro que estaba de mal
humor. Al ver a Johaniel en la puerta, su rostro se iluminó, lo que provocó que
varias personas gimieran. El recién llegado se dio cuenta del cambio que
provocó en Zenien y comenzó a mirar a su alrededor.
—¿Profesor, puedo
salir?
— Oh… sí, claro. —
La primera sonrisa que veía en ese estudiante le había afectado. Lo vio salir,
pero se congeló en la puerta al ver el séquito que había detrás de Johaniel.
—¿Qué?
—Buen trabajo,
Zenien… ¿listo para salir? —el mencionado asintió, confundido.
— Gracias por
acompañarme. Ahora debemos irnos. Espero saber pronto sobre la aceptación de la
Universidad ante la donación. — Johaniel sostuvo a Zenien por el brazo,
murmurándole que sonriera; con lo que no contaba era que ese susurro provocara
un sonrojo encantador que provocó un jaleo alrededor de ellos.
—Mejor nos vamos.
—Tenemos mucho que
hacer… turulú… —se despidió Johaniel con movimientos exageradamente femeninos y
dramáticos, toda una reina en presencia de los que habían juzgado que él
buscaba a su princesa. Era toda una mariposa social, lejos del tiburón que
realmente era. Para los que no lo conocían era adorable, un hombre enamorado
sin miedo a admitirlo a los cuatro vientos. Algunos celebraron la pareja, aun
sin conocerla, por la libertad que expresaban como pareja. Al entrar al auto,
Johaniel besó a su hombre, feliz de haberle sorprendido, pero el rostro de este
le preocupaba.
—Johaniel… ¿está
bien que sepan lo nuestro?
—¿Quieres
esconderlo? — Las posibilidades que traían esa idea provocaron recuerdos
amargos.
—No es eso… pero
tus negocios.
—Zenien, nunca
serás un secreto sucio en mi vida. ¿Está claro? No he podido celebrarlo como me
gustaría por nuestras agendas. Ninguno ha tenido tiempo para respirar
correctamente. No creas que me vas a tener entre las sombras. Me niego a
meterme en un rincón oscuro para mostrar nuestra pasión. Eres mi obsesión, y
espero que yo sea la única obsesión en tu vida. Todos los que se acerquen a ti…
el resultado no será algo limpio… ¿entiendes? — Las lágrimas de Johaniel eran
reales; no entendía por qué no podía controlarlas… estaba fuera de control y su
energía se notaba en el auto.
—Amor, no es eso…
Pensé que nunca haríamos público lo nuestro por las compañías. — Zenien lo besó
con ternura. — Gracias por hacerlo público. Recuerda que estoy tocando de oído…
no sé qué es aceptado y qué no en tu familia. — Johaniel asintió, se dejó abrazar
y besar por ese hombre que lo mantiene anclado y humilde. Un carraspeo lo sacó
de su ensoñación. Johaniel gruñó y Zenien miró a Kristen en el asiento del
pasajero frontal, que miraba a todos lados menos a ellos.
—Está bien… no te
enojes, por favor. — Zenien levantó la ceja con duda ante las palabras
desesperadas de Johaniel; esperó en silencio a que este continuara con la
explicación.
— Las palabras de
Rita me hicieron pensar en cómo se sentiría ese bebé al ver que no existen
fotos festejando su llegada. Yo… bueno… —con un suspiro profundo, Johaniel se
vio sin palabras para continuar.
—No hay lío, sé que
lo hiciste desde tu corazón. ¿Qué va a suceder?
—Uff… nada… no
mucho, bueno… vamos a entrar a la casa. — Zenien vio cómo se sonrojaba y no
tuvo otra opción más que abrazar a ese manojo de nervios. Cuarenta y cinco
minutos más tarde, se regañó por no pedir más información.
Los globos azules y
rosas parecían pertenecer a una guardería. Él miró al hombre que, en menos de
veinticuatro horas, había preparado fiesta, regalos, decoración y había juntado
a un grupo de locos a celebrar la llegada de un bebé que no se sabía con
pruebas sanguíneas si era de él. Tuvo que sonreír al verle señalar sin palabra
alguna a Kristen como culpable de toda esa locura, mientras el otro los miraba
resignado.
Sus compañeros de secundaria lo halaron para abrazarlo y felicitarlo, sin dejar de regañarlo por su silencio. Eran solo tres amigos, pero eran amistades de las buenas. Eran esos los únicos chicos que habían mirado más allá del físico y de los chismes. Incluso habían recibido algunos inicios de paliza tratando de proteger al gigante amable.
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