No Somos Hermanos (Libro 4 Cuarta Parte)
Cuarta Parte
Luz y sombra
Una mesa llena de regalos rebosaba y las sillas de honor para los padres eran dos, no una como Johaniel había ordenado. La sonrisa de su abuelo le decía quién había solicitado el cambio. El viejo dragón se carcajeó libremente disfrutando de las bromas que se le estaban haciendo a los futuros padres, cambiar pañales, preparar biberones o poner a dormir esos malditos muñecos que no dejaban de llorar. Johaniel sabía que el viejo disfrutaba de las emociones diversas de todos los presentes. De seguro era todo un manjar, pero verlo rodeado de personas y tranquilo, era extraño. Johaniel y su dragón estaban ante unos puntos suspensivos, analizando esta nueva faceta.
—No sé por qué lo invité…— murmuró Johaniel mientras se acomodaba de forma apretada en el auto por los paquetes que no cabían supuestamente en el baúl del coche. ¿Otra broma del dragón? No lo dudaba.
—No lo podíamos dejar fuera…
—Sigue jurando esa… en lo personal me vale.
—Todo estuvo bonito…— Johaniel miró a su pareja con amor, pero el cansancio de éste evitó que pudiera descubrir esa emoción en su rostro. Los ojos cerrados y una sonrisa en los labios era suficiente como para bajar los niveles de ansiedad. Johaniel suspiró profundo y dejó que la noche los acurrucara mientras el auto se movía en silencio hasta lo que era su hogar.
Un beso, una caricia en el rostro y una mano bajo su camisa fue suficiente para hacerle gemir. En brazos de Johaniel, esa era la mejor forma de despertar. Ambos gimieron al sentir la temperatura en sus cuerpos subir.
—¿Sexo en el auto?
—Sería mi primera vez…— Zenien murmuró mientras mordía y besaba el cuello de Johaniel que le abrazaba. No se había dado cuenta, pero en el auto solo estaban ellos, no había rastro de los regalos o ningún miembro de los Sombras. En ese pequeño espacio, el calor subía, la ropa desaparecía y no había espacio para el mundo que los esperaba. Zenien preparó el cuerpo de Johaniel con prisa, pero con cuidado, el aceite provocaba una sensación tibia en esa parte íntima. Ya habían tenido esos momentos en que no estaban en la habitación, así que el cuidado se había ido al olvido, lo que provocaba ciertas consecuencias indeseadas. Solo podía agradecer que el cuerpo de Johaniel fuera diferente… mágico por decirlo de alguna manera. Zenien nunca salía sin un par de ampollas de aceite para facilitar la penetración. Mientras éste mordió al hombre, ambos recordaron la última vez en que se habían comportado como adolescentes, las repercusiones no fueron de días en cama, pero el pequeño dolor recordando que habían exagerado, eso era lo que no se podía olvidar…
—¿Estás recordando lo de la cocina…?
—Sí, ¿tú también estás pensando en ello? ¿Por qué lo recuerdas, Johaniel?
—Extraño la sensación de áreas sensibles después de… bueno… entiendes. — Zenien asintió sonriendo, la verdad era que ambos habían aprendido a disfrutar de un poco de dolor mientras unían sus cuerpos. —No te controles… por favor… — Zenien se movió fuera con suavidad, pero con una sonrisa sádica en los labios entró con fuerza en Johaniel que gimió recibiéndole. Sabía que no era suficiente, pero antes de poder salir y tomar un poco más de tiempo o cambiar la posición Johaniel levantó su pelvis obligándolo a entrar con mayor fuerza en su cuerpo. Ambos gimieron por el placer y el dolor, el calor subía entre ambos, al igual que los movimientos que provocaban que el auto se meciera avisando lo que sucedía en su interior. Lo que no era sorpresa para Kristen y el resto de los Sombras. Los jóvenes amos habían estado ocupados por semanas, no era cosa de si sucedería, era de cuándo olvidarían que no estaban completamente solos.
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—Zenien, aún no quiero ir a nuestra habitación, hay algo que deseo mostrarte. — Johaniel tuvo que admitir que le temblaban las manos mientras pensaba en la reacción del dueño de su corazón ante la sorpresa. ¿Y si no le gustaba? Lo guio hasta la guardería, al dejarlo frente a la puerta, cerró sus ojos esperando su reacción con una sensación apretada en su pecho. Al sentir el gemido de placer de su dragón abrió los ojos con miedo. Al ver las lágrimas, deseó ponerse de rodillas y suplicar perdón, no sabía qué había hecho mal. Parecía que la había fastidiado… ¿Pero cómo? Intentó ver la habitación de forma crítica, no era dirigida a un género en específico. La cuna era la pieza central, había sido escogida por Zenien por la posibilidad de modificarla en tres formatos para que creciera con el bebe, lo importante es que iba bien con los otros muebles. Los cuadros de naturaleza en paredes color crema claro no eran invasivos y las sábanas tenían una tonalidad marrón claro, como el color de la madera, complementando con elementos en diferentes tonalidades de verde. Volvió su mirada a Zenien que le sonreía sosteniendo un pequeño oso de peluche en color chocolate.
—¿Estás bien? — murmuró Johaniel con susto, Zenien asintió en silencio y lo abrazó por unos minutos.
—Gracias… es perfecto… — El murmullo hubiera sido inaudible para un ser humano normal, pero no para Johaniel que suspiró profundo, aliviado al sentir la felicidad en su pareja.
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El cambio de colores en los árboles creaba una imagen pacífica que invitaba a sentarse a disfrutar de la brisa fresca en las tardes otoñales. En todos los lugares, menos en el hogar que habían creado Zenien y Johaniel, las discusiones eran campales, las guerras frías iban empatadas y en las reconciliaciones, todos salían corriendo. Muchas de las discusiones no tenían sentido, algunas eran por el pasado… “cosas que no se podían cambiar”. Otras eran por acciones excesivas, ejemplo de ello eran las acciones de Johaniel en la universidad de Zenien, los celos de Zenien por las noches que su pareja pasaba en el club… sobre todo, la nueva obligación de Zenien de entrenar en artes marciales con la intención de poder defenderse en el mundo en que había entrado. Sabía que la orden era por el miedo de Johaniel de ser atacados. Pero entre las responsabilidades diarias, junto a palabras venenosas de Rita, la risa cínica del abuelo o el terror ante la llegada del bebé había creado una bomba de tiempo con pequeñas detonaciones antes de la explosión final. Los Sombras escucharon el grito de Zenien ante la salida de esa noche al club por el joven amo.
—¡Si crees que no soy suficiente por qué diablos no lo dices…!— Zenien se sentía enloquecer, había acompañado a Johaniel solo dos ocasiones, la primera vez quedó confundido por la vida nocturna de su amante. La mirada de éste ante las imágenes obscenas sacadas de películas para adultos no era de anhelo, era falta de deseo… pero había cierto placer en su sonrisa. Era confuso.
—Solo piensas en lo sexual cuando me ves en el club. Aún no entiendes mi naturaleza… deja de crear historias en tu cabeza. Eres más que suficiente para mí… pero sabes que mi energía necesita balance y ese lugar lo ofrece.
—¿Pero? — Johaniel pasó la mano por su rostro con frustración. Nunca aprendió a explicar su existencia, lo que su dragón hacía en el mundo. Al intentar explicarlo sentía que se enredaba y sonaba como excusas baratas. Hasta la fecha era cosa de esconder para los que eran importantes y enviaba al infierno a los que le valían madre. Su abuelo le había susurrado sonriendo… “Bienvenido a la escuelita de la vida.”, la primera y única vez que se atrevió a quejarse de la incomprensión de su pareja.
—Sé que no tienes que entender mi existencia… pero no debes juzgarla con la moral humana. — Zenien estaba tenso entre los brazos de Johaniel que suspiró sin poder explicar las necesidades de ese ser milenario. —Tengo que irme… llegaré temprano.
El dolor en la mirada de Zenien era suficiente para ponerlo de rodillas, pero se negaba a alimentarse en su hogar. Era lo único que podía hacer para proteger a su familia del ser que era.
Quinta Parte
Oscura Realidad
Johaniel se sentía incómodo en su trono, los excesos, la obsesión por más placeres llenaban ese hueco negro de su pecho y se preguntó no por primera vez la razón de su existencia tan complicada. Sólo treinta minutos más y podría regresar a su hogar sin miedo a hacerle daño a quien le esperaba. El deseo de tener a Zenien a su lado le había llevado a cometer el error de pedirle compañía en esas visitas. Las veces que lo había hecho, la noche se había convertido en una guerra campal. Aun cuando trató de explicar lo que sucedía, él solo se fijaba en las escenas sensuales que los rodeaba.
Recordó el momento en que pidió ayuda a su abuelo para explicar su existencia. No era como si Zenien no hubiera sido testigo de la fusión entre hombre y dragón. Suspiró exasperado; ¿Cómo explicar lo que no tenía sentido? La ayuda del abuelo provocó más confusión, con solo recordarlo gruñó sin poder evitarlo.
—Vamos… es suficiente por hoy.— Kristen se movió para caminar con él, cuando una llamada detuvo sus pasos. Era el sonido de llamada de Zenien. Buscó escuchar su voz con prisa, no era normal que lo llamara cuando estaba en el club.
—Dime.
—Te necesito…
—¿Dónde?
—En la clínica.
—Voy de camino. — colgó la llamada y comenzó a correr en dirección al estacionamiento. Al llegar, con una mirada de reto, le quitó las llaves a Kristen que dio un paso atrás por la energía que emanaba del joven amo. Lo que provocó que no pudiera subir al auto a tiempo. Negó con un suspiro al ver las luces traseras del auto que habían dejado marcas en el cemento en el arranque.
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Los pasillos estaban iluminados de forma artificial y todo era igual, lo que daba la sensación de correr en el mismo lugar sin llegar al final. Su alma suspiró de alivio al encontrar el cuerpo, recostado contra la pared, Zenien que tenía la mirada perdida y el rostro pálido. Lo llamó varias veces sin recibir contestación. Cuando estaba a punto de abofetear al hombre desesperado, los ojos al fin se enfocaron y lágrimas comenzaron a bajar como si el alma estuviera escapando con cada una de ellas. Quiso saber qué había pasado para que ese terror se posara en su amado, pero él solo lo abrazaba murmurando incoherencias.
—Zenien, ¿amor qué sucedió?
—Yo… Rita… el bebé…— Johaniel lo abrazó sin entender cuál era el problema. Se movió con él en sus brazos a las butacas, la incoherencia de su cuerpo más compacto que Zenien sosteniendo a éste entre sus brazos como un niño, no pasó desapercibido a miembros del hospital, pero allí todos sabían que nada era como parecía. Buscó con la mirada a Kristen al no encontrarlo juró matarlo, de éste no tener excusa ante esa ausencia. Murmuró pendejadas sentimentales a Zenien que temblaba. Cosas como “todo estará bien”, “los doctores que están con el bebé son los mejores”, “te juro que están en buenas manos” todo era cierto, pero Johaniel no recordaba la última vez que había intentado consolar a alguien sin saber cuál era el problema. En ese momento deseó tener más práctica. Notó por el rabillo del ojo cómo Kristen llegaba corriendo, al ver su rostro se detuvo casi cayendo al suelo al perder el balance. Lo vio abrir los ojos con dudas y miedo, suspiró profundo… “Aún no lo podía asesinar” pensó mientras le hacía gestos para que se acercara, por la forma en que lo vio tragar fuerte, pensó que se negaría.
Kristen se acercó con cuidado como si estuviera frente a un animal feroz, el joven amo mostraba, sin darse cuenta, la forma fusionada con su dragón y la mirada decía que quien no tuviera cuidado con palabras y actos moriría de forma dolorosa. Las escamas en el rostro y cuello daban una visión surreal, pero peligrosa.
—Investiga qué sucedió. — El gruñido provocó un escalofrío en la espalda a Kristen que asintió en silencio preguntándose quién moriría a manos de ese dragón enloquecido sin saber que Johaniel lo miraba con varias ideas de muertes lentas y dolorosas para él. Sin embargo, el escalofrío en su espalda le auguraba que su sangre podría correr por el suelo en cualquier momento de no tener cuidado.
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Johaniel tardaría en saber que había sido una maldita caída en el baño lo que había provocado una carrera contra el tiempo en vías de salvar a la madre y al bebe. Johaniel miraba a Zenien que seguía murmurando “Ambos tenían que estar bien.” una y otra vez. Lo que le hizo preguntarse si éste había desarrollado sentimientos por la madre de su cachorro durante ese tiempo. El solo pensarlo le hacía hervir la sangre. El bebé tenía que sobrevivir, a él le importaba mierda la mujer, pero algo le decía que nada volvería a ser igual si ambos no sobrevivían. Vio cómo Kristen se detenía a una distancia prudente y asentía de manera suave, mientras lanzaba miradas furtivas a ambos. Él quería saber con quién hablaba, pero no tenía tiempo, solo Zenien tenía toda su atención.
—Dios… por favor que ambos estén bien. Que no les pase nada.
—Zenien, todo va a estar bien… pronto tendrás a tu bebé en brazos y podrás sonreír como todo padre primerizo. — Acarició el rostro de Zenien y sonriendo siguió murmurando. —Ya te puedo imaginar sacando fotos de cada pequeño instante y volviendo a todos locos compartiendo esos recuerdos.
—No estoy listo para ser papá…
—Lo sé, pero no eres un cobarde… así que ese bebé tendrá a un padre que siempre estará dudando si lo hace bien, lo que evitará errores enormes en su crianza. Recuerda: sólo puedes hacer lo que puedas y tú estás listo para eso.
—Pero…
—Nada de peros. — Johaniel no podía confesarle el terror a fallarles a ambos, que tenía en su interior, el miedo de no verse capaz de amar a ese niño le provocaba pesadillas. Pero ese era su conflicto interno y se había jurado hacer lo mejor que podía para proteger tanto al padre como al bebé del monstruo en su interior, incluso de sí mismo y sus celos. El llanto de un bebé detuvo los murmullos, todos miraban la puerta con deseo de saber más, pero con miedo a moverse. Los segundos fueron eternos, Johaniel quería hacer explotar la puerta en un millón de pedazos. Zenien se levantó de un salto al ver a la enfermera salir con un pequeño bulto en los brazos. Al bebé le faltaban una semana y algunos días para la fecha del parto según la ginecóloga, pero el bulto que traía la enfermera no era tan pequeño como esperaban. Cuando se había acercado un poco, escuchó la voz de varios miembros de la familia y se volteó con sorpresa. Kristen estaba guiando a sus padres y a los gemelos dónde estaba el bebé. Las preguntas quedaron atoradas en su garganta. No había forma de liberar las ideas cuando Kristen mantenía la distancia y todos los demás lo ignoraban llevando su atención al bulto que ahora estaba en brazos de Zenien.
Con un suspiro profundo se cruzó de brazos y desde un rincón, con sonrisa en los labios disfrutó de la mirada de Zenien. La felicidad en él causaba una gran paz en su pecho. Una sonrisa ladeada había aparecido en sus labios liberando por primera vez una sensación de bienestar. Todos lo miraron al mismo tiempo, lo que provocó que notara que esa energía era real. No tenía idea de lo que significaba, pero allí en esa habitación, una tenue luz había nacido en su pecho. Zenien se acercó con el bulto sollozando en sus brazos. Sin miedo lo colocó en brazos de Johaniel que por el susto de dejarle caer lo pegó con delicadeza contra su pecho. El dragón comenzó a ronronear y ante ese sonido el bebé dejó de sollozar en unos segundos. Todos miraron al joven con duda, pero él solo pudo hacer eco de las palabras que resonaban en ese lazo con el ser que compartía su destino.
—Es nuestro…— Zenien asintió aceptando esa verdad absoluta. Nadie notó el terror en la mirada de los Sombras, que protegían a la familia, testigos de esas palabras. Si algo le sucedía a ese niño, el mundo sería destruido… Kristen suspiró con pesadez y comenzó a preparar todo para la llegada del pequeño príncipe al hogar. Mientras daba instrucciones por teléfono, miró cómo el viejo dragón entraba en la sala en la que seguía la madre del bebé. Al mirarlo con duda notó cómo éste colocaba el dedo sobre los labios dando instrucciones de mantener silencio. ¿Alguno de ellos sobreviviría a esos dos dragones?
Sexta parte
Sin escapatoria
—Zenien, no tienes por qué fastidiarla por nosotros, por tus sucias emociones —exclamó Rita, que veía cómo este intentaba sacarla del juego. Johaniel miró a uno y al otro sin entender. Lo que lo confundía era la fuerza del ronroneo en su pecho. Guardó silencio unos segundos antes de mirar con cuidado a la mujer, que parecía tener un ataque de celos pensando en su cuenta bancaria.
—¿Sucias emociones? —Rita tomó la mano de Johaniel como si le desnudara el alma. Zenien la miró con horror y se levantó de la silla sin llegar hasta donde estaban ellos. No entendía qué lo sostenía en ese lugar, pero su cuerpo había perdido toda capacidad de moverse para evitar el desastre que llegaba a su vida por su culpa. Incluso podía sentir cómo una… ¿mano? ¿Garra? le cubría su boca. Estaba preso en su cuerpo, incapaz de detener su pesadilla.
—Puede que no lo sepas —dijo Rita—, pero Zenien tiene… bueno, te desea desde siempre. Es algo carnal.
—¿QUÉ? —Johaniel lo miró esperando respuesta. Al ver que se negaba a hablar, miró a Rita, que se veía triste, pero había malicia y triunfo en el brillo de su mirada.
—¡Imposible!
—No lo es. La noche… bueno, cuando pasó lo del bebé, él solo murmuraba tu nombre mientras estaba conmigo... Al inicio estaba confundida, pero al conocerte entendí. ¡Él te desea—! Johaniel no esperaba respuesta en ese momento. Sentía la piel erizarse. Al ver los puños apretados de Zenien, sonrió con placer. Al fin lo vio levantar la vista con los ojos cargados de lágrimas, lo que rompió algo en su interior. Sintió cómo sus hombres retiraban a la mujer de la habitación y ni siquiera miró hacia la puerta.
Sentía cómo esa habitación interna donde había resguardado todas sus emociones explotaba sin importarle. Incluyendo el ronroneo de ese ser que desde los tres años lo había acompañado y torturado… no, no había sido tortura, había sido sobrevivencia para ambos, y ahora se veía libre. Unificados en un mismo deseo. A ese ser renacido de la unión de su conciencia y el dragón que en él habitaba no le importaba quién fuera afectado por la energía que se estaba liberando con su transformación. Podía sentir cómo su cuerpo tenía más masa muscular, era más alto. Zenien se veía pequeño frente a él, pero no había mayor reacción en este ante esa nueva forma. Los humanos solían perder la cordura al darse cuenta del dragón que compartía cuerpo con él, aun sin llegar a esa metamorfosis. Sin duda, Zenien parecía no sufrir el efecto de la energía liberada.
Las dudas lo invadieron al ver que Zenien no caía de rodillas ante esa nueva forma. Johaniel, por primera vez, se sentía completo. Había escuchado las viejas historias sobre la unión de esas dos partes que luchaban por el control. Siempre le había frustrado que su abuelo lo hiciera con tanta facilidad mientras él seguía en guerra con el ser que llamaba demonio desde que lo sintió despertar cuando intentó sobrevivir a la locura de su madre. Sacudió la cabeza: en ese lugar, en ese momento no había espacio para esos recuerdos. Puso toda su atención en el cuerpo de Zenien, que parecía una estatua.
—¿Qué son? —preguntó Zenien.
—Dragón y humano —contestó el ser. Zenien asintió como si al fin comprendiera la razón para estar en ese lugar, en ese instante. Johaniel no tenía control de su cuerpo; era como si viera todo desde una ventana. Se sintió flotar, como si con esta situación recibiera respuestas a una pregunta que no se había hecho. No era un mundo sin sensaciones, el frío de la habitación, incluso el contraste con el calor del cuerpo de Zenien, tono era recibido en ese espacio en el que estaba su consciente.
—El idiota de Johaniel no sabe nada, nunca quiso aceptarme ni escucharme. Pero tú… con tu corazón inocente, desde la primera vez nos aceptaste. Siempre me aceptaste como parte de tu rutina, con la sombra de la primera noche que pasamos juntos en el olvido. Aun con lo extraño que fuimos, aun confundido, hiciste un espacio para nosotros. Pero eso no importa. Tu deseo por nosotros se lo diste a ella… a otros. Lo que nos pertenece, otro cuerpo lo tomó. Ahora tú pagarás— las palabras eran susurradas. No había necesidad de gritos ni peleas. Ese ser lo sabía todo. Su cuerpo era controlado por la energía que Johaniel liberaba, y ambos hombres se vieron moverse sin control alguno. Eran marionetas en ese baile que no tendría fin hasta que ese ser quedara completamente saciado.
—Yo… ¿las noches?
—Zenien, eres nuestro de ahora en adelante. No más juegos, no más medias verdades. Debes saber que la persona que toques con deseo morirá de forma dolorosa y lenta. La ramera… la mujer solo está viva porque tu hijo está en su vientre. Razón por la que puede dar gracias.
—¿Dónde?
—No importa. ¿Entiendes lo que te digo? ¿Verdad? No más mujeres ni hombres entre tus brazos. No habrá otra persona compartiendo tu cama. Johaniel nunca ha aceptado el toque de nadie, y yo solo me alimento del deseo que sienten por él— El gruñido no era humano, pero ese hombre tenía que entender. Para Johaniel y su dragón, él era un tesoro que no se reconocía por completo como tal. Zenien intento asentir sin entender, pero la mirada rojiza lo hizo estremecer. Las escamas doradas y los ojos idénticos a los de un gato o reptil. Incluso la forma en que se contraía la pupila no era humana. Zenien intentó sacudir la cabeza sin mucho éxito. Notó la sonrisa en ese ser que esperaba la respuesta exigida.
—Así será… pero Johaniel no puede estar con otra persona. ¿Puedo ser suficiente para ustedes—? en esas palabras estaba el dolor ante la idea de tener que compartirlo.
—Pequeño cachorro, fuiste el primero y el único. El club es una forma de absorber energía y cumplir con la misión de mi raza— la felicidad en el rostro de Zenien estaba mezclada con confusión. Nunca supo que, aun con ese dragón milenario, Johaniel había respetado su inocencia como algo sagrado. Más aún, su respuesta a las noches de sueños compartidos le había parecido dulce al dragón y confusa a Johaniel.
—Luego hablan de los detalles. Ahora debes prepararte, ya que no podrás dormir en toda la noche. Este dragón exige lo que se le ha negado por poco más de diez años— el estremecimiento en el cuerpo de Zenien no pasó desapercibido. La carcajada en labios de Johaniel demostró que no tenía problema en disfrutar de lo que sucedía fuera de su control. Con movimientos lentos se movieron a la habitación. El pent-house se llenó de gemidos y gruñidos que quienes los escucharon jurarían que no eran humanos.
——Divisor——
Al otro lado de la ciudad, donde las montañas estaban envueltas en magia, leyendas y misticismo que resguardaban secretos milenarios, un viejo con una sonrisa en los labios recibía a Rita. Ella notaba el cambio de situación. No tenía su celular. La mujer y el hombre que la habían acompañado durante la mañana no respondían a sus preguntas, que pasaban de susurradas a gritos histéricos. Ahora, frente a una casa hermosa envuelta en naturaleza, supo que debía hablar con cuidado. No era que la burla en esa mirada no le provocara rabia, pero algo en ese hombre le decía que su vida y futuro estaban en sus manos.
—La ignorancia es maravillosa, ¿no crees? —un gruñido murmuró un sí, y luego soltó una carcajada que hizo estremecer a todos los presentes. Rita miró a su alrededor asustada, buscando la procedencia de ese sonido. Le sorprendió encontrar a los guardaespaldas temblando a su lado, mirando al suelo y evitando al hombre que los recibía.
—Niña, nunca pensaste que tu estúpido juego te pondría frente a una cría de dragón. No te preocupes. Los próximos meses no serán más que un sueño para ti. Luego regresarás a tu vida como si nada… mientras respetes el trato con mi nieto, tu vida será menos complicada.
—Yo… yo…— el hombre asintió. En segundos, la mujer fue rodeada por hombres y mujeres que aparecieron de la nada. Eso dejaba claro que tenía que seguir las palabras de ese viejo o estaría en problemas. La sonrisa en esos labios era mortal.
—¿Señor?
—Coloquen el collar cerca de ella. Que lo vea, pero no debe tocarlo —Con esas instrucciones dadas, le dio la espalda a la mujer y a la situación, y entró en la casa. Había una cena familiar y una boda que preparar. Los cachorros estarían ocupados por un par de semanas. Oh, la hermosura de la juventud. El sonido de una carcajada no humana saliendo de esa boca fue suficiente para que todos los Sombras se estremecieran. Pero a su vez no pudieron evitar sonreír de felicidad. Si el dragón era feliz, la familia sería próspera.
—Inviten a la familia de mi yerno. Este chico nunca se rindió con su hijo, aun notando las diferencias. Es momento de mostrarle parte del mundo al que pertenece… además quiero ver a los gemelos. En esta última visita hubo… bueno, poco a poco.
——Divisor——
¿Era de día o de noche? Johaniel no sabía cuánto tiempo había pasado desde su unificación. Entendía que el catalizador era Zenien, pero aún se sentía desconectado de esa nueva realidad. El ronroneo en su pecho lo hizo enfurecer de nuevo. Deseó poder golpear a ese idiota. Cuando despertó de la primera noche fue testigo del estado de Zenien: heridas abiertas, sangrando en diferentes lugares. Con desesperación pasó los minutos siguientes sanando el cuerpo que parecía estar roto. Luego se enfureció de nuevo al ver la sonrisa satisfecha del idiota, que comenzó a besarlo sin preguntar qué carajo había sucedido. Para volver a comenzar. Sus cuerpos se habían mezclado en formas tan privadas que de nada valía mencionarlas. Fue confuso por demás. Johaniel buscó el ventanal, que estaba cubierto sin dejar pasar un poco de luz. De seguro sería de noche. Gimió al moverse y sentir que todavía estaba completamente lleno. Mierda… las cosas estaban por volver a comenzar.
Un gruñido a su espalda hizo que ciertos músculos en su cuerpo se apretaran, esperando y deseando que la locura diera un reinicio. Un beso, unos dedos apretando su cuello y el cuerpo exhausto.
—Mío —el murmullo ronco y posesivo volvió a encender su pasión. ¿Ante tal posesión, quién necesitaba saber la hora del día, qué día era o siquiera dónde diablos estaban?
——Divisor——
Kristen negó en silencio a los otros Sombras. Dejaron la bandeja de alimentos al lado de la puerta y salieron del lugar en silencio. Solo deseaba que esos dos pudieran manejar lo que estaba por suceder.
——Divisor——
Kristen se agarró el costado y entró en la habitación que había sido preparada para la reunión con el patriarca. Las costillas rotas, dos de ellas y algo más lastimado, lo hacían moverse con torpeza. Los otros Sombras hacían la preparación y cuidaban los detalles. El nivel de nervios había escalado ante el cuerpo herido del líder. Ninguno estaba seguro de poder sobrevivir a esa reunión.
Por otra parte, la reunión en el lugar era enloquecedora. Todos tenían claro en ese instante la razón por la que los miembros de la familia se mantenían recluidos en la montaña en momentos de emociones fuertes. El efecto de la energía que circulaba en el hotel había provocado una reacción extrema en los humanos, que renunciaban a su realidad y lógica para disfrutar de esa locura colectiva. Los Sombras tenían instrucciones de retirar a los humanos que se veían hablando incoherencias. El problema era que, como todos los adictos, así como salían, se recuperaban… y volvían a entrar en el club poco después para disfrutar de varias noches. Los miembros del mundo paranormal, por otro lado, entendían parte de lo que sucedía y usaban la energía para dar rienda suelta a sus pasiones.
El hotel se había convertido en la meca del sexo, romance, reconciliaciones, infidelidades, salidas del clóset y excesos. Los Sombras manejaban los detalles del hotel y el restaurante, intentando proteger a los humanos que desconocían la naturaleza del dueño. La energía liberada por el joven dragón complicaba la situación en el club. Todos se veían afectados, pero los Sombras habían sido entrenados para trabajar aun recibiendo ese tipo de energía errática. No obstante, en algunos lugares escondidos de la vista se podían escuchar los gemidos de algunos Sombras jóvenes que aún no podían mantener el balance y buscaban saciar sus cuerpos de formas nuevas.
Kristen levantó la vista al sentir que la presión de la energía disminuía, lo que anunciaba la llegada del patriarca. Se movió a recibirlo y no pudo evitar maldecir internamente al ver la sonrisa satisfecha en ese rostro. En definitiva, había esperado hasta el último momento posible para disfrutar de toda esa energía liberada. Vivir con dragones era difícil.
—Señor —Kristen hizo un gesto para que lo siguiera, y pudo sentir cómo la energía restante envolvía al hombre de forma lenta.
—¿Los cachorros?
—Preparándose para cenar con usted.
—¿Cómo es que estás vivo? Queda claro que mi nieto te aprecia de verdad—. Kristen asintió sin poder negar esa afirmación y el haber contado con eso para ser la persona escogida para interrumpirlos. Los otros Sombras miraron con horror a Kristen, que respiraba con dificultad y mostraba el dolor en cada movimiento. Solo el viejo dragón sonreía ante la imagen de dolor presente en el cuerpo del hombre.



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